viernes, 25 de diciembre de 2015

Epístola

Acabamos de volver de casa del tío Pepe. Estoy muy un poquito mareada y no dejo de pensar en ti.

Tuvimos una navidad muy alegre. Eliza y Rafi han crecido tanto...me llena de vida verlos tan felices y ocurrentes, cantando y bailando y jugando sin parar. Ahora entiendo - más claramente que nunca - que la navidad es de los niños y de sus ilusiones y de sus alegrías y de su forma tan perfecta de ver la vida. Definitivamente, siento que ha sido una de las navidades más felices, aunque me duela en el alma que no estés tu.

También fue mi primera navidad junto a Armando, mi esposo. Nunca pudiste conocerlo  en persona y, sin embargo, puedo proyectar cada segundo de sus eventuales encuentros. Él se parece a ti en muchos aspectos. Es serio y formal, es íntegro y noble, es un hombre de familia. Mi tío Pepe lo ha conocido poco a poco y se que está de acuerdo conmigo pues hoy hablamos de ti. Se que partiendo de la desconfianza finalmente hubieras sabido que Armando era el hombre perfecto para mi y que en su corazón yo y nuestra familia serían lo mas valioso hasta el último día de su vida. como lo éramos para ti. Se que lo hubieras incluso querido.

Te cuento que el viernes pasado me avisaron del Consulado de España en Lima que al fin salieron nuestros papeles. Al fin podré irme junto a mi marido y esta vida de andar de lejos se habrá terminado.Al fin podremos construir nuestra nueva familia y proyectar en ella todo lo que durante tantos años tu proyectaste en mi. Y estoy feliz. Nada me hace mayor ilusión que estar a su lado y poder disfrutar de nuestra vida juntos.

Y sin embargo, también es un poquito duro partir. Porque me gusta demasiado mi vida acá, pero sobretodo porque los cambios siempre asustan. Porque partir siempre te deja un nudo en la garganta y despedirse de las personas amadas siempre estrujan el corazón. Uno siempre quiere la vida fácil y la vida fácil no sería otra que que tener a mi esposo, padres, hermanos,amigos y rutina en un mismo lugar. Pero no es mi realidad.

No es mi realidad no solo porque mi esposo es extranjero, sino porque tampoco te tengo a ti.

Y sin importar en qué lugar del mundo esté, ya nunca más te tendré a ti.

Han pasado mas de dos años desde que te fuiste e irónicamente han sido dos años en que mi vida ha experimentado los cambios mas maravillosos y positivos. No los he podido compartir contigo, y sin embargo, nadie puede quitarme de la cabeza la idea de que tu eres responsable de cada uno de esos cambios perfectos. Tu que siempre quisiste cuidarme, me diste la fuerza y la garra para descubrirte en todo lo que vivo y sueño y valorar la dicha de todo lo bueno.

Papito, hoy no estás conmigo y ya no te he tenido hace demasiados meses. Pero hoy estoy casada con el hombre más noble sobre la faz de la tierra y eso, no es casualidad. Hoy no hemos brindado a las 12 ni hemos bailado las canciones de moda, pero me has hablado a tu manera y me has dado la fuerza para superar tu ausencia. Hoy celebro la vida y aunque no estés físicamente, se que la celebras conmigo.

Feliz navidad dad.





viernes, 4 de diciembre de 2015

El Trifle y el destino




Hoy vi a un par de amigas y hablamos de un postre llamado Trifle. Hablar de ese postre me llevó a entrar a mi fb a buscar entre mis fotos aquella en que aparecía el Trifle que yo hice. No se por qué quería verla. Supongo que simplemente para recordar. Y como la buscaba de adelante hacia atrás (empezando aproximadamente en julio 2014 porque sabía que la foto era de cuando estaba en España), inevitablemente recorrí foto a foto lo que fue ese tiempo lejos de Lima.

Como muchos recordarán, esos meses no fueron "normales". Sobretodo al inicio. Irme a Madrid 3 semanas después de que falleció mi papá fue una de las decisiones más difíciles que tuve que tomar en mi vida. Estuve asiiiii (deditos muuuy juntitos) de no irme. Estuve asiiiiiii de rechazar la beca y quedarme en casa, a pesar de ya haber dejado mi trabajo, a pesar de ya tener todo confirmado, a pesar de la inmensa ilusión que me hacía - hasta el día anterior al terrible suceso - la idea de vivir esa experiencia. 

Si hoy me lo preguntan, aún no estoy segura de cual fue la razón determinante que me llevó a tomar la decisión definitiva. Creo que ni siquiera hubo una razón. Simplemente fue "algo" que me repetía que ese era mi camino, que no lo deje, que no lo cambie. No voy a hablar aquí de lo que fue el proceso entero de llegada y adaptación a mi nueva vida en Madrid, pero sí puedo decir que las primeras semanas me arrepentí cada día de haberme ido.  Y anhelé enormemente el retorno a mi país. 

Pero siguiendo con la revisión de las fotos, llegué a una muy importante. Aquella en la que - siendo 16 de diciembre y habiendo transcurrido 3 meses desde la muerte de mi papi - aparecía yo con él. Y al lado le había yo escrito un párrafo tan profundo, tan salido del corazón, que aún hoy, casi 2 años después, me remueve todo leerlo. Y bajé a ver los comentarios de aquellas personas que se tomaron unos segundos para escribirme, y encontré a mis amigos de siempre y a mis nuevos amigos de Crusa y recordé como esa soledad que sentí al inicio se fue llenando tan fácilmente cuando nuevas personas me abrieron su corazón. Y ya no volví a arrepentirme de haberme ido. 

Porque a donde quería llegar con todo esto es que viendo las fotos de facebook pude recordar en cada imagen todo ese proceso que viví, esa evolución en mis emociones, en mi soledad y en mis miedos, y el papel determinante que jugaron todas las personas que tuve la dicha de conocer durante ese viaje: mis grandes amigos, y mi amado esposo.

Ese esposo que me lleva a mi análisis final, ese al que quería llegar desde el inicio de este post: todo sucede por algo. Quienes me conocen saben que soy muy escéptica, que nunca he creído en el destino ni que haya algo escrito. Mi respuesta a todo siempre fue: COINCIDENCIA. 

Pero ese mismo "algo" hoy me obliga a cambiar radicalmente esa perspectiva. Hoy aún no se por qué me fui; menos si fue por las razones correctas. Pero ahora se que tenía que irme para que mi vida siguiera el destino que finalmente sobrevino: encontrar a la persona con la que voy a compartir mi vida. ¡Nada menos, miren ustedes!

Y si ya antes de conocerlo sentía que irme había valido 100% la pena - pues hoy aún no me imagino lo lamentable que hubiera sido haberme perdido todas las experiencias que viví y todos los amigos que conocí - hoy 5 de diciembre solo puedo repetirme que fue la mejor decisión de mi vida. 

No se que sigue ahora.  Pero mirando esas fotos, y luego muchas más, de mucho más atrás (sí, llegué hasta el 2011 creo!) me queda claro que cada día puede cambiar totalmente nuestro destino, así sea por la sonrisa de una persona que te recuerda que al final, todo se va a acomodar y va a volver a estar bien. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Me pinté de Pink & Mint

Queridos amigos!

He estado un poco alejada de mi blog, pero es por un motivo muy especial que quiero contarles hoy: he estado 100% metida en la creación de mi nueva marca, a través de la cual, junto a mi cuñada y nuestro equipo, nos hemos sumergido en el hermoso mundo del diseño y planificación de eventos: 



Ella, chef de profesión, tiene amplia experiencia en la atención de caterings para eventos, así como en el diseño y planificación integral de fiestas infantiles, baby showers, primeras comuniones, bautizos, entre otros, los cuales ha ido desarrollando a través de su empresa Entre Platos.


Por mi parte, me encargo del diseño y elaboración gráfica de los distintos elementos y detalles que harán de cada evento único y personalizado, de acuerdo al estilo y personalidad de cada uno de nuestros clientes: invitaciones, cuadros de bienvenida, árbol de huellas, pizarras o chalckboards y papelería en general.


(Diseño: Pink & Mint)

Nuestro equipo también está integrado por una publicista especializada en eventos y por una fotógrafa profesional, a fin de cubrir todos los campos necesarios para crear eventos de primera.

Nuestro concepto parte de entender que cada persona, cuando organiza un evento - desde un cumpleaños o fiesta de bienvenida, hasta una boda - busca diferenciarse. Que su evento no parezca hecho en serie, sino que refleje su estilo y personalidad.

Sin embargo, el agitado ritmo de vida actual a veces impide tomarse el tiempo necesario para elaborar cada detalle, cada diseño, cada color, cada mensaje: todo aquello que se quiere transmitir a los invitados.

Por ello, en Pink & Mint buscamos ser cómplices de esa tarea, para que todo aquello que pueda imaginarse, se vuelva una realidad. 

Como saben, dentro de pocos meses me iré a vivir a Barcelona junto a mi esposo, pero este proyecto que hace poco iniciamos está hecho para trascender: en Lima, quedará a cargo de Betsy (la cuña!) y el resto de equipo, y yo me encargaré de la sede Barcelona: Sí, Pink & Mint se hará internacional!

Y antes que darles más detalles por este medio, los invito a conocernos más en nuestro fan page https://www.facebook.com/PINK-MINT-948645638536172/timeline/?ref=hl y a pintar un poquito su vida de Pink & Mint.

Con mucho cariño,

Katia



martes, 11 de agosto de 2015

I do!!! 08.08.2015



Amanecer muy temprano e intentar desayunar. Subir apurada y poner un poco de rock. Empezar a maquillarme mientras pedía un taxi para mis suegros. La dificultad de escribir por whatsapp con uñas postizas. Ponerme el vestido y no poder agacharme más. Necesitar ayuda hasta para ponerme los zapatos. Una sesión de fotos preciosa: primero sola, luego acompañada de mi mamá. La ilusión de tantos mensajes recibidos llenos de buenos deseos.

Estar lista con suficiente tiempo y esperar tranquila la llegada de mi auto (manejado por mi hermano). Verlo entrar a mi habitación a buscarme y saber que es la hora. Llegar a la iglesia temprano y poder ver entrar a los invitados (tan guapos). Pisar la alfombra roja y verlo ahí, esperando por mi. Tener la suerte de disfrutar la ceremonia más romántica imaginable (Gracias Padre Henry) y escuchar a mi (ahora) esposo tocar para mi. Subir al altar para las fotos del recuerdo y recibir un millón de besitos volados de bebe Raffi (se robó el show).

Volver a subir al auto. Cambiarme los zapatos (no aguanto los tacos). Arrastrar mi vestido por el jardín con lluvia del Pentagonito (y disfrutarlo). Jugar a las fotos, jugar a ser casuales, jugar a ser solo los dos. El hambre que empieza a apremiar, la ilusión de llegar a celebrar.

Llegar a la casa de Pame. Nuevamente los tacos. Escuchar a Queen y sentir unas ganas locas de saltar en el tabladillo mientras saludaba a los invitados. Renegar con el DJ porque puso el vals cuando le dio la gana. Volver a empezar. Iniciar un segundo baile lleno de amor. Enamorarme aún más al escuchar a mi esposo hacer el primer brindis. Desbordarme de emoción cuando fue mi turno de hablar. Asentir frente a las palabras de mi mamá (y darle total razón) y mi suegro. No dejar de reír cuando fue el turno de mi hermano. Botar una última lágrima con la ternura de mi mejor amiga.

Empezar la fiesta. Bailar, reír, beber, saltar, gozar el amor. Rodearme de amor.

Una familia política que cruzó el atlántico para estar aquí. Unos amigos internacionales de la vida que aterrizaron en Lima 8 horas antes para acompañarme en este día. Una familia sanguínea que vivía mi dicha como propia. Unos amigos incondicionales que - como siempre - me acompañaron de principio a fin. Y claro, como cereza, un esposo que me mira como si no existiera nada más allá de mis ojos.

¿Se puede ser más afortunada?



martes, 16 de junio de 2015

Si estuvieras aquí



Nunca, ni por un solo instante, imaginé que no estarías conmigo el día de mi boda. En realidad nunca, ni por un solo instante, imaginé que no estarías conmigo en ningún momento de mi vida. No me diste tiempo de saber que te irías, de empezar a imaginar cómo serían las cosas en adelante, de prepararme para mis próximos cumpleaños, mis próximas navidades, mis próximos días del padre, mi próxima boda sin ti.

Otra cosa que nunca imaginé fue cómo sería el día de mi boda, pues nunca supe si me casaría, y si así fuera, no tenía idea si sería en invierno o verano, de día o de noche, si se celebraría en en Lima o en cualquier lugar del mundo. Quizás lo único que siempre pensé es que si me casaba, serías tu quien iría de mi brazo por esa alfombra roja y me dejaría en el altar. 

Y no será así.

Llevo muchos de estos últimos días y noches imaginando despierta como sería ese momento. Pero sobretodo, me invaden imágenes tan nítidas - casi siento que las toco - de cómo sería el momento en que me vieras por primera vez, vestida de blanco, antes de partir a la iglesia. Ese encuentro tan íntimo de padre e hija, ese instante en que tu asimilarías realmente - y quizás por primera vez - que es cierto, que me voy a casar. 

Te imagino mirándome fíjamente, a veces sonriente, a veces con lágrimas en los ojos, a veces con la mirada esquiva. Luego te imagino acercándote a mi, a veces tomando mis manos entre las tuyas, a veces abrazándome, a veces pellizcando mis cachetes o mi nariz.

Y muchas veces te imagino frente a mi, poniendo tus manos en tu cintura, y burlándote de mi: "yo nuuuunca voy a meter la cabeza debajo del agua. Nunca jamás." Tu forma de decirme que me recuerdas así, tan niña y tan tuya.

Faltan poco menos de dos meses para mi boda y aún me cuesta procesar tantas emociones juntas. Me paso los días llenándome de labores, diseñando, pintando, comprando, completando marcos con fotos en las que también apareces tu. Me cuesta asimilar que todas esas imágenes que parecen tan reales, no lo son, y que nunca sabré ciertamente como hubiera sido aquel primer encuentro solo de los dos.

No puedo cambiar la realidad. Sólo puedo consolarme pensando lo difícil que hubiera sido para ti mi partida. En mis recuerdos no existe más el hombre duro e impenetrable que eras en mi niñez, sino solo el papá que se echaba conmigo en las mañanas porque tenía "fojera de ir a trabajar". Y bajo esa premisa, me consuela saber que nunca tuviste que sentir el dolor que hubiera causado en ti el saber que me mudaba a Barcelona, y a cambio de eso asumo el dolor que causa en mi saber que no estarás ahí conmigo, que no serás tu quien me entregará a mi futuro esposo

Jamás olvido la frase que más de una vez me dijiste: eres la alegría de esta casa. Y jamás olvido que, en contrapeso, siempre fuiste mi calma cuando las cosas se complicaban, cuando me estresaba y me agobiaba. Creo que tu mismo, sabiendo cuanta falta iba a hacerme esa tranquilidad que me dabas, esa sensación de que "todo iba a estar bien", me enviaste un hombre como mi novio, con exactamente esa capacidad de calmar mis ansias, de sosegarme, de permitirme respirar.

Se que tu estuviste detrás de todo esto. Gracias papito.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Regresé...pero no por mucho tiempo!



A ver, lo primero que debo decir es que ese título no se refiere a mi regreso a las lides bloggeras, aunque debo aceptar que tras tantos meses sin publicar nada, también hay una especie de nostálgico retorno a este, mi primer blogg.

En cambio, mi título hace referencia a mi retorno al Perú, a mi país, a mi tierra. Para los que no sean seguidores, y para los que aún siéndolo ya no recuerdan de qué les hablo (pues el post al que haré referencia data de hace poco menos de 2 años), debo recordar que mi antigua entrada Para los que dicen que no regreso estuvo dirigida a todas aquellas personas - amigas y familiares - que directa o indirectamente afirmaban que, tras irme a España a estudiar mi maestría, decidiría quedarme por allá, sea por trabajo o por amor.

Muy segura yo, enumeraba varias razones - cada una mejor argumentada que la otra - de por qué estaba yo convencida de que únicamente me iba por los 10 meses que duraba mi maestría a tiempo completo, período después del cual volvería a mi país - tal como ocurrió la primera vez que viajé a España por estudios, allá en el lejano 2009.

Pues bien, resulta que volví. Que estoy escribiendo este post desde Lima, desde mi casa, desde mi sofá preferido. Así que cumplí. Volví.

Pero debo aceptar también que es un triunfo tramposo. Que finalmente- valgan verdades - ustedes tenían razón. Y no porque alguna de las razones que di para asegurar mi retorno no fuera tal, si no porque - aunque suene a cliché - la vida te sorprende.

Tal como les dije en aquel post, yo ya conocía Madrid y en absoluto iba a maravillarme por ese "otro mundo" europeo. Siempre me gustó. Tiene muchas cosas que quisiera en Lima, mucho desarrollo y orden, pero Lima también me gusta. Por distintas razones, pero la vida aquí me encanta.

También, como dije aquella vez, me fui a estudiar en serio. Cumplí con mi máster total y absolutamente y a pesar de que conocí personas maravillosas con las que me divertí todo lo que quise, no tuve ni la quinta parte de la "vida loca" de la primera vez. Fue más bien un vida tranquila, feliz.

Por último, es totalmente cierto que me fui enamorada, que pensaba que volvería por él. Pero resulta que estar enamorada no resultó ser lo mismo que amar. Estaba enamorada de una expectativa, idealizando a una persona como respuesta a esos extraños procesos que ocurren en nuestro cerebro cuando alguien nos gusta y creemos que es la persona correcta. 

Como este post no se trata de amor, no voy a describir las mil y un razones por las que, al mirar hacia atrás, me queda tan claro que ello no era si quiera algo parecido al amor. Fue una experiencia, como tantas, de esas que justamente te permiten luego reconocer un amor totalmente distinto, un amor de dar, un amor con los pies en la tierra y el corazón entregado. 

Poco tiempo después de irme lo conocí a él, mi ahora prometido. Tampoco voy a entrar a detallar como supe que era él, pero me basta decir que nunca imaginé que un amor así realmente existiera en la vida real. Siempre me hablaron de ese amor, pero nunca lo viví. Hasta hoy. Hasta hoy que estoy a 3 meses de casarme con el amor de mi vida y mudarme a Barcelona, junto a él. Así es como la vida me sorprendió, tal como mencioné en líneas arriba. Y por eso, aunque en estricto sí volví, debo reconocer que todos tenían razón: mi futuro ya no está más aquí.

Más de una persona me dice con alegría cosas como "qué suerte, una ciudad tan bonita como Barcelona", y aunque entiendo las nobles intenciones y la ilusión que a muchos hace el viejo continente, yo solo tengo que decir que ojalá no tuviera que irme. Y digo "tuviera que irme" no porque alguien me esté obligando a irme, sino porque mi corazón ya está allá, ya está con él y no existe otro lugar en el mundo en que yo podría estar, sino a su lado. 

Pero no es fácil. No es fácil dejar la vida que conoces y sobretodo que disfrutas. Los rostros familiares, la encantadora rutina, la zona de confort. Migrar es empezar de cero, sin trabajo, sin amigos, con la familia lejos. Y aunque mi novio tiene una familia hermosa que ya siento como mía, se que será duro al inicio. Sin embargo, estoy completamente segura - porque me conozco y porque lo que vivo junto a él es tan maravilloso que borda con lo irreal - que al final todo estará bien, y haremos - yo y él - de Barcelona nuestro hogar. 

Así que ya saben...solo me queda poco más de 3 meses en Lima, así que aprovechen porque ahora si me voy y ya no regreso!

jueves, 23 de enero de 2014

CRUSA



Hace unos días, mientras compartíamos comida, bebida y conversación interesante con un grupo de amigos, como quien no quiere la cosa, uno de ellos soltó un: “y por qué no escribes de la vida en CRUSA”?

Valgan verdaderas, que no se me había ocurrido en absoluto hacerlo. Pero valgan segundas verdades que, después de su comentario, me quedé pensando que tal vez si habría mucho que escribir sobre este lugar alejado que ha sido mi hogar durante los últimos cuatro meses.

En CRUSA se respira paz. No hay bulla, no hay alboroto, todo siempre está en calma. Amanece, atardece y oscurece en calma. Yo soy bulliciosa por naturaleza, la calma puede a menudo abrumarme. Pero he aprendido a aceptarla y hasta quererla. Nada perturba mi sueño en las mañanas, salvo, quizás, el silbido de algún pajarito o el vibrador de mi celular (o del de alguna compañera!).

Quizás también por esta vida tan quieta que me ha ofrecido este lugar, ocurre que mis horarios están tan distorsionados. Aquí mi día empieza al medio día y termina a las tres o cuatro de la madrugada. Sin ningún esfuerzo. Sin ninguna intención de mi parte. Sin ningún problema dando vueltas en mi cabeza. De la forma más natural mis horarios se armaron así y ahora, cómo me está costando modificarlos. Claro que parte de la culpa la tiene también el hecho de que llego de clases a las 10.30pm, con lo que entre cocinar, comer, cambiarme y revisar mi mail, ya pasó lejanamente la media noche.

En CRUSA tengo un departamento pequeño y acogedor, que solo comparto con una compañera. Aunque hace poco nos mudaron de casa para hacer mantenimiento a la que teníamos inicialmente, y hemos encontrado algunos defectos en este segundo hogar, creo que en líneas generales me gusta mi lugar. Mi habitación tiene una forma extraña que me perturbó al comienzo, pues es demasiado alargada, pero tan evidente es que los seres humanos somos seres de costumbres, que ahora ya no quisiera cambiar a una más cuadrada y “normal”.

La convivencia con mi compañera es muy sana. Nadie jode a nadie. Cada una hace lo suyo. No hay críticas, no hay pleitos, no hay problemas de comunicación. Las cosas se dicen siempre, las risas no faltan, los espacios se respetan y así andamos tranquilas y contentas en nuestra sana convivencia.

Mis vecinas también son geniales. Recuerdo a mi llegada – solitaria – escribí públicamente en fb si había alguien más en CRUSA “disponible” para hacer algo. Fueron las primeras en contestar. Las conocí ese mismo día, y al cabo de unos pocos días más, ya las quería. A través de ellas conocí a los chicos de otra de las casitas, con quienes, a punta de conversaciones absurdas sobre el significado de las palabras en cada uno de nuestros países, y las frases llenas de doble sentido patrocinadas por las pequeñas colombianas, hemos formado una pequeña (y muy bonita) familia multi cultural.

Esta semana, motivada por mis vecinas justamente, decidí empezar a ir al gimnasio al que ellas asisten regularmente hace ya un par de meses. Me gustó. Me gustó levantarme más temprano, tener más vitalidad al medio día, sentir que las horas duraban un poco más. Me gustó ver la luz del día desde la mañana, sentirme un poco más viva.

Porque como todos los que me conocen saben, no ha sido una etapa fácil. Pero nunca voy a dejar de repetir que tengo una suerte única. Suerte de tener un lugar apacible, donde nada ni nadie perturba mi tranquilidad diaria. Suerte de tener un espacio propio, mío, donde hacer introspección, dónde sanar heridas. Suerte de haber conocido a mi compañera, mis vecinas, los chicos de la casa al frente de la cancha de tenis, que me sacan de esa introspección con su alegría y llevan los momentos de ocio a risas tan sonoras que hacen de esos momentos una felicidad inexplicable en palabras.

Nada sustituye el estar en casa, con tu familia. Pero pensándolo desde la perspectiva del vaso medio lleno en vez de medio vacío, nada sustituye tampoco la experiencia de estar – nuevamente – al otro lado del mundo, y disfrutar de esa experiencia plenamente, al margen de las piedras – grandes o pequeñas – que se hayan puesto, o que alguien nos haya puesto en el camino.


No sé si esto era lo que mi amigo esperaba que escriba de CRUSA. Pero sí estoy segura que esto es lo que CRUSA – y sus habitantes – han significado para mí en estos cuatro meses. Esto es lo que ha sido mi burbuja, mi hogar. Y aunque lo seguirá siendo unos pocos meses más, ya lo empiezo a extrañar.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Vidas paralelas

No sabía que ese día estaba tan cercano hasta que llegó. Llegó y una vez ahí no pude hacer trampa. No pude fingir que no pasó nada, pero sí pude evadir. 

Te fuiste. Así, intempestivo. No nos dejaste prepararnos. No me dejaste hacer un discurso de adiós.

Pero ese viaje cercano impidió un derrumbe. Los trámites. Las maletas. Las despedidas. Tantas cosas en la cabeza me permitieron alzarla, secar las lágrimas. La familia, las amigas, el novio. Todos pendientes. Todos atentos. Tanta compañía, tanto afecto.

Hasta que me fui.

Hoy sentí más frío que todos los días anteriores, a pesar de que la temperatura bordeada los 5 grados. Como para tener calor, pensé.

Andaba con las manos metidas en los bolsillos del abrigo y la nariz congelada. Igual que los pensamientos, congelados. Como nunca.

Pensar infinitas veces sobre lo mismo siempre fue mi especialidad. Nunca aprendí a pasar por alto. Ni a borrar de mi mente. Ni a engañarme convencerme de que todo está bien, de que todo estará bien. Nunca supe callarme, ni aceptar, ni resignarme. Siempre quise más.

Hoy ya no están los trámites, ni las maletas ni las despedidas. Ni la familia, ni las amigas ni el novio. Nadie pendiente. Nadie atento.

Pero sí un vacío. Todo extraño él. No estoy segura qué es lo que lo llenaba hasta hace un par de meses. Una parte él, claro. Una parte tu. El resto, no lo sé.

No quiero confundirme. Ni confundir. Madrid es un encanto. Su alegría, su onda relajada, sus calles divertidas, su gente tan variada. Bohemia. Libre. Deliciosa. No me perdono no gozarla. No me perdono la soledad.

Más yo también soy libre. Y en esa libertad me permito sentir. Sentir fuerte, sentir profundo. No vale llenar vacíos con lo burdo, con lo banal.


Tengo las piernas congeladas, otra vez. Creo que la calefacción falla un poco aquí. Quizás falla mi cuerpo, mi termostato natural. Quizás ese vacío es solo ausencia de calor. Ausencia de ti. 

domingo, 11 de agosto de 2013

Para los que dicen que "no regreso"

Estoy emocionada y a la vez temerosa con lo que se viene.

No es la primera vez que me voy y, sin embargo, esta vez es diferente. Me rio cuando mis amigos/familiares bromean diciéndome que ya no volveré, que me enamoraré de alguien allá, que conseguiré un super trabajo, que no querré regresar a Lima. Y sin dar muchas explicaciones mayores, me limito a responderles que tengo que regresar porque las condiciones de la beca que me otorgaron para estudiar la maestría así lo exige. Porque firmé un contrato. Porque, al menos, por los 9 meses posteriores a la finalización de mi maestría, tengo que vivir en Lima.

Sin embargo, esa no es ni remotamente la razón principal por la que sé que sí voy a volver. Que no está allá mi futuro. Siempre he tenido claro que no se puede escupir al cielo, pero quizás después de aclarar mis razones, me vayan entendiendo.

Primero, yo ya he vivido en Madrid y he conocido media europa con una mochila en la espalda. Ya me fui a vivir la vida loca antes, ya me asombré de ese estilo de vida europeo tan libre, de esas ciudades hermosas, de ese mundo bohemio, moderno, ordenado. Fascinante. Ya conocí a chicos guapísimos, encantadores. De todos los tipos y colores. De todos los países, idiomas, profesiones. Ya me dediqué a tener citas inter diarias y ya entendí que eso no me llena. Ya tengo mil y una anécodtas y aventuras que disfruté profundamente a los 22 años. Ya tuve la oportunidad de obnubilarme, de quedar hipnotizada por un mundo distinto y pensar que sería más feliz viviendo allá, que no quería volver a lima, que elegía esa libertad y progreso.

Pero no lo hice.

Volví esa vez y volví feliz. Llena de recuerdos y, sin embargo, llena de alegría por volver.

Segundo, esta vez me voy a estudiar en serio. La primera vez fue juerga, viajes, comida, bebida y algo, muy poquito, de estudios. Esta vez me voy a construir una base más sólida para mi futuro. Esta vez, que ya no tengo esa ansiedad por vivir algo "nuevo", por lanzarme a una "aventura", debido a que ya vivi todo eso, me estoy yendo a aprovechar una oportunidad de esas que se dan solo una vez en la vida. Si tengo la oportunidad de volver con un master en europa, y encima como ex becaria de una fundación del prestigio de la Fundación Carolian, definitivamente mi expectativa de retorno es un gran trabajo, en una gran institución global, que me de la estabilidad, tranquilidad y satisfacción para seguir avanzando en todo aspecto de mi vida.

Tercero, me voy enamorada. Y ese aspecto no puede menospreciarse. Porque estar enamorada , sin ninguna duda, es una variable fundamental en todo esto que se viene. Y hace que también sepa que quiero volver a Lima y estar con él. Seguir con él, con nadie más. Por eso también, aunque me voy feliz por la oportunidad que tengo delante, me voy también triste porque sé lo que dejo. Y si bien sé que la relación con mi familia y amigos será exactamente la misma a mi regreso, nunca se sabe a ciencia cierta en el caso de las relaciones de pareja. Porque el amor de familia es incondicional. Porque no necesita tanto esfuerzo y dedicación, justamente por esa incondicionalidad. El amor de pareja, en cambio, necesita cuidado, alimento, cercanía, contacto. Y llevarlo a la distancia nunca es facil. No es tanto tiempo, sí. Mi relación hoy, después de una tormenta, está bien, bonita, estable. Pero temo. Temo mucho perder algo que quiero y valoro tanto. Y sin embargo, se también que quizás es algo necesario para descubrir, ambos, si podemos manejar juntos situaciones difíciles y no solo el día a día.

Finalmente, sé que volveré porque me gusta vivir aquí. Porque mi vida aquí no es ni remotamente perfecta, pero la disfruto cada día. Y porque sé que a mi regreso, de una u otra forma, sin ninguna duda, mi vida en Lima será aún mejor que la que dejo hoy. Lo firmo y lo confirmo.

jueves, 18 de julio de 2013

Desvarío

Amanece, saludamos, conversamos, reímos, jugamos. Recordamos, preguntamos, reclamamos. Ya no reímos, nos tensamos. Discutimos, controlamos, repetimos, nos desbordamos.

Adiós.

Paralizo. Pregunto. Saturo. Desespero. Maldigo. Todo en silencio.

Acepto.

Encuentro. Despedida. LLanto.
   
Respiro, suspiro, vuelvo a respirar y ando. Camino, doy vueltas, no miro atrás.

Concientizo, analizo, pienso. Pienso y comprendo. Acepto, borro, elimino, supero.

Malas noches, poca comida, mucho alcohol. Salgo, sonrío, finjo. Fiestas, amigos, risas, alcohol. Farsas. No volteo. No te busco. No intento saber. Te fuiste. Decidiste. Se acabó.

Una semana. No sé de ti. No quiero saber. No pregunto. No averiguo. Asimilo.

Me escribes. Contesto. Propones. Me asusto. Retrocedo. Acepto.

Charlamos. Me quieres, me extrañas. Siento. Confío. Respiro. Sonrío. Te quiero.

Pienso. Recuerdo. Temo. No importa. Te quiero. Te escribo. Propongo.

Tiempo, maldito tiempo. Te odio. Quizás no te quiero.

Me quedo. Y acepto. Y más tiempo.

Hablan. Te miente. Me acusa. Complica. Agobia.

Confías. Espero.

Hoy es.


Mañana, ya veremos. 

martes, 28 de mayo de 2013

APRENDIZ

Hoy, nuevamente, busqué tu nombre en facebook y en google. Nuevamente no te encontré y supongo que fue lo mejor. Pero me  angustia, me sofoca pensar que han pasado mas de 5 años después de la última vez que te vi, y aun siento una necesidad absurda de reivindicar mi nombre contigo, de probarte que no soy ese monstruo que te hicieron creer, que no soy esa mujer enferma, obsesiva, loca en el peor sentido de la palabra, que él te hizo creer.

Solo era una niña cuando lo conocí, y para cuando tu apareciste en el mapa, ya era tarde. Era tarde para ambas. Tarde para dos mujeres ya condenadas a creer, a aceptar, a llorar a escondidas ante la conciencia de lo que nos había pasado. Porque claro que éramos conscientes. Claro que nos dábamos cuenta de lo que ocurría, de lo que estaba él haciendo de nosotras, de lo que estábamos haciendo nosotras mismas de nosotras.

Vivíamos lo mismo, sabes? Tu, yo y ella. Sí, éramos tres. Pero tu decidiste declararme la guerra solo a mi. Culparme de un sufrimiento, de una infelicidad de la que solo podías culparlo a él. Y a ti misma, claro. Decidiste creerle y condenarme a mi. Y te comprendo. Te comprendo porque era tu única salida: tu única salida para no enloquecer, para poder justificar tu desdicha culpando a alguien más, para tratar de auto-convencerte de que ni tu ni él eran el problema, sino yo, la loca, la enferma, la que a los 20 años argüía planes malévolos contra los dos.

Que tonta fuiste. Fuimos. Pero lamento informarte, que tu lo fuiste más. ¿Crees que a mi no me dijo las mismas cosas de ti que te dijo a ti de mi? ¿Que no inventó las mil historias para lograr que yo te culpe de mi infelicidad? Lo hizo, siempre. Pero quizás tuve la suerte de conocerlo años antes que tu. Y digo suerte porque, gracias a ello, yo ya no creía en nada de lo que decía. Yo ya sabía que el único que estaba detrás de todo era él, envenenándonos para que nos odiáramos, porque las personas unidas son peligrosas.

Yo salí victoriosa. A mis 22 años, con esa juventud de la que tu te mofabas y sobre la que creías tener una gran ventaja, ya era yo demasiado consciente hacía tiempo de como eran las cosas, de quien era él, de qué se trataba todo el cuento. Y gracias a eso huí, desaparecí, fui libre. Libre de él, libre de ti, libre de ese mundo surrealista en que me metieron sin que yo me diera mucha cuenta, pero del que fui culpable también al no salir mucho antes, al haber sido débil, al haber sido niña.

No se si tu habrás tenido la suerte que tuve yo. Quizás también por eso te busco. Para saber si pudiste partir, si no sigues viviendo ese infierno que yo tan bien conozco. Si al igual que yo, aprendiste tu lección y no volviste a permitir que nadie te convierta en eso que fuimos, en eso que no me atrevo a nombrar, para lo que en realidad no hay siquiera un nombre.

Pero también te busco, lo acepto, para gritarte que soy inocente. Que nunca hice nada contra ti. Que en ese entonces tenía la inocencia que ya no tengo hoy, y que el mismo miedo me habría paralizado sin poder mover un solo dedo en tu contra. Todo lo inventó él, todo.

Y te diría también que ya encontré mi camino y que espero también hayas tu encontrado el tuyo, muy lejos de él. Y si aún no lo hubieras logrado, no me alejaría de ti ni un momento hasta que te convenzas que al salir, será como empezar tu vida de nuevo.

Pero mientras no te encuentre, sigo aquí. Mujer, normal y ya libre. Con esa tranquilidad que da saber que todo lo vivido enseña, y que soy una buena aprendiz. No, no me quita el sueño encontrarte, pero no dudes que de vez en cuando, siempre, volveré a googlearte, deseando con todo mi corazón, encontrar algún dato que me lleve a ti.

jueves, 23 de mayo de 2013

Falsa


Ve.

No voltees el rostro ni aunque el viento sople hacia el lado opuesto.

No temas no saber si llegarás, y ni si quiera a donde: recuerda que esos caminos ignotos pueden llevarte a alguna certeza, o a la única.

No dudes de la necesidad de tomar esa ruta. Quizás sea errada, o quizás no. Y no pienses, por favor no pienses, que no es necesario. Que puedes hacerlo desde aquí.

Ve. Encuentra. Encuéntrate.

Yo no voy a ningún lado, por ahora. Por ahora o hasta que sepa de tu dicha, allá lejana.

Entonces, quizás, yo también sabré que debo emprender ese camino. Para encontrarte, o para decir adiós, sin vuelta.

Ve. Te lo pido porque te amo. Te lo pide mi razón. Mi madurez. Mi equilibrio. Mi sensatez.

Corre. Corre antes que mi corazón, inmaduro, desequilibrado e insensato, grite que me ignores.

Ve.                          

lunes, 13 de mayo de 2013

De vuelta al ruedo



Después de casi 4 meses trabajando medio tiempo, hoy me reincorporo a mi chambita full time.

No, no lo voy a negar: tengo la sensación de que esto es algo inhumano y que nadie debería merecer tener que trabajar tantas horas al día en algo que no lo apasiona hasta decir basta, en algo que no lo hace vibrar, que no permite que la adrenalina corra por su cuerpo ante la sola posibilidad de un caso nuevo, un paciente nuevo, un proyecto nuevo. No, nadie debería tener que trabajar días enteros en algo que no le brinde ese placer indescriptible que leo en los ojos de mi hermana cuando me cuenta de su trabajo como ginecóloga en la maternidad de Lima.

Sí, imagino que todos deben estarse riendo de que me queje de una jornada laboral normal, esa que todos ustedes tienen, esa que seguro algunos disfrutan, otros odian, y algunos simplemente aceptan con dignidad y resignación. El problema es que yo me rehúso a aceptarla y ese es el punto de partida del segundo tema: ¿por qué demonios no soy consecuente con lo que escribo y busco un trabajo que genere en mi todo eso que describo líneas arriba?.

Bueno, no es tan sencillo. No es sencillo renunciar a la seguridad que te brinda tener un empleo de sueldo fijo y no variable. Tampoco es sencillo decir adiós a un jefe que te ha dado todas las facilidades posibles en el largo proceso de preparación para obtener ese maldito título de abogado, con la confianza de que volverás, titulada, a sacarte la mugre en ese puesto de trabajo que te esperó. Y tampoco es sencillo empezar de cero a buscar eso, ese algo que sabes debe existir, que tiene que existir, pero que no tienes claro qué es, no sabes por dónde empezar a buscar ni tienes la certeza de que vas a encontrar.

Sin embargo, hoy hay muchos proyectos en el aire, pululando libremente por mi mente durante muchos minutos al día. Y hoy tengo el ejemplo cercano de una persona que acaba de dejar su empleo, justamente, harto de invertir la mayor parte de su día en algo que no lo hacía feliz, y decidido a llevar a cabo diversos proyectos que estuvo posponiendo. Y eso me estimula, me empuja a también a yo encontrar mi camino, ese que posiblemente no sea el más seguro, pero que tengo la esperanza sí sea el que me haga feliz.

jueves, 3 de enero de 2013

Aquí estoy



Acabamos de cambiar de año y aunque a menudo le rehuyo a eso llamado reflexión, esta vez es distinto. Quizás porque este año que se fue ha sido extrañamente intenso, en lo malo y en lo bueno, en lo rico y en lo cruel.

Se fue un año en que mis emociones se fueron del cielo, al suelo y luego nuevamente al cielo. En el que tantas risas opacaron cualquier lágrima pasada y a la vez tantas lágrimas opacaron esas risas y así, una y otra vez, dando vueltas. Un año inestable, pues.

 Hoy me siento frente a esta computadora y no puedo evitar sentir ese tufillo  a seguridad que ya me ronda. Ese airecito de tranquilidad que he logrado encarcelar en mi después de tantos vaivenes. Porque si hay algo que es realmente difícil de lograr para una persona como yo, tan extremista en sus sentimientos y decisiones, es esa cuota de estabilidad que hoy no pide ya permiso para entrar.

Nada de lo que pasó este 2012 fue por gusto. Hoy le encuentro explicación a absolutamente todo lo que viví. E increíblemente, al final de la ecuación, todo es bueno. Sentir que la relación con mis hermanos  ha cambiado radicalmente al punto de sentir que son ellos mis mejores amigos, es bueno. Haber conocido y estrechado lazos con nuevos amigo(as) “de la vida”, es bueno.  Haber logrado mayor estabilidad en mi trabajo, uno del que pensé me iría a los 3 meses, y haber empezado seriamente, al fin, a estudiar para titularme, es bueno. Y haberte conocido a ti, mi chico, es más que bueno.

Tantas circunstancias que hoy ya no me interesa recordar, dieron como resultado todo lo bueno que hoy atesoro.  Como no creo en dios, no puede agradecer a nadie por todo eso, sino solo a mi misma, y a ellos, por haberse cruzado en mi camino. Todo da vueltas, y finalmente, como dice mi querido Drexler, nada se pierde, todo se transforma, das lo que recibes, y solo recibes lo que das.

No voy a hacerla más larga. No hacen falta más palabras para describir una situación que te llena en sí misma. No hacen falta más palabras para disfrutar. Disfrutar que estoy aquí, y que no quisiera estar en ningún otro lugar, rodeada de ninguna otra persona. Estoy aquí, justo en el lugar en que debo y quiero estar.
Adios me fui a estudiar :)

martes, 11 de diciembre de 2012

Sobre la definición "en negativo" del amor






Hace algunos días, conversando con mi amigo Leandro, me dio una definición extremadamente gráfica del amor:

 “La quiero tanto, que a veces tengo ganas de incendiarla, pero no lo hago, porque la amo”.

A raíz de esta definición, empezamos a conversar sobre su planteamiento de que el amor se define “en negativo”: para él – y ahora estoy de acuerdo – el amor hacia la otra persona no tiene que ver con “llevarse bien” o “reírse mucho” o “ser perfectamente compatibles”, sino con las cosas que toleras a la otra persona. Cosas que, seguramente, no le toleraríamos a nadie más que a ella (o él).

Pasa que el paquete viene completo. Pasa que cuando elegimos a alguien, elegimos a la “mejor presa” dentro de ese pequeñísimo universo de personas que llegamos a conocer hasta determinado punto de nuestra vida. Pasa que si quisiéramos encontrar una persona “perfecta para nosotros”, sin duda pasaríamos solos el resto de nuestras vidas. E incluso, si encontráramos a alguien que se acercara a esa definición, nos quedaría la eterna duda de si, en Australia o Hong Kong, no existirá alguna un poco más compatible, quizás con los mismos gustos musicales, quizás con el mismo carácter extrovertido, quizás con un poco más de sentido del humor.

Por eso, elegimos a una persona que, mal que bien, tiene suficientes cosas positivas que podamos admirar (o aun que sea respetar) y que son las que recordamos, justamente, cuando aparecen esas otras cosas no tan agradables que todos tenemos. Esas cosas que, por ejemplo, a mi amigo le generan el pensamiento de querer incendiar a su enamorada.

Y como quien refuerza la idea de definir al amor de manera negativa, violenta, me cita – para variar – a Marge Simpson, quien en algún capítulo de tan buena serie le dice a su hija: “pero algún día encontrarás a un hombre al que amarás, hasta que te duela (…)”.

Y a raíz de esa cita, Leandro me preguntó si no es acaso el hecho de definir al amor como algo que duele (sí, tarde o temprano, de una u otra forma), una realidad que nos hace corroborar que nuestras instituciones más valiosas – como la familia, que justamente nace del amor – están también hechas de violencia, solo que de una violencia legítima, admitida por todos nosotros, sea consciente o inconscientemente, por acción u omisión.

¿No es acaso violencia arrebatarle a una madre la custodia de su hijo, así sea porque ello es necesario por el bien del menor ya que su madre tiene problemas con las drogas? ¿No es acaso violencia quitarle la libertad a un condenado a prisión, por muy “merecido” que lo tenga? ¿Y no es acaso violencia la forma en cómo tenemos ganas de (mal)  tratar, a veces, precisamente, a las personas que más amamos, y justificamos dichos pensamientos, justamente, en nombre de esas emociones intensas y desbordantes a las que nos condena el amor?.

Obviamente hay líneas. Lo anterior no significa que cuando tengamos ganas de incendiar a nuestra pareja vamos a hacerlo si ya no la amamos. Se trata simplemente de dejar el concepto algo claro: no incendiaremos a quien amamos, justamente por amor. Y probablemente no sentiremos ganas de incendiar a otra persona con la intensidad que quisiéramos incendiar a quien amamos, justamente porque, en nombre del amor, somos capaces de sentir tan intensamente nuestras emociones – buenas o malas – solo hacia esa persona. Y en nombre de ese amor, también, de tolerar esas emociones, canalizarlas.

Ojo, no estoy promoviendo la violencia en ninguna de sus facetas, solo poniendo una realidad sobre la mesa.

lunes, 29 de octubre de 2012

SUPERPODERES


Si tuviera la posibilidad de elegir un super poder, sin ninguna duda, sin siquiera pensarlo un segundo, elegiría la posibilidad de poder leer la mente de las demás personas. En realidad no de todas, porque sería terriblemente tedioso tener que lidiar con tantos pensamientos que no me importarían en absoluto, pero si la de aquellas personas que me importan, que son parte de mi cuadro.

Especialmente en estos últimos días – aunque, en realidad, me ha pasado con mucha frecuencia antes - me he estado cuestionando fuertemente respecto a lo complicado que es relacionarse con las demás personas. Relacionarse a profundidad, digo. Porque conocer a las personas, llevarse bien, reír, pasear, webiar, es sencillísimo. Al menos para mi que nunca he tenido problemas con conocer nuevas personas. Pero apenas los vínculos empiezan a fortalecerse, apenas esas personas nuevas empiezan a formar parte de nuestro mundo cercano, todo empieza a complicarse, inevitablemente, por más compatibles que sean, por más simple que haya sido pasar tiempo juntos en un inicio.

Y si bien a menudo las complicaciones aparecen por algo tan simple como la llamada “incompatibilidad de caracteres”, otras muchas veces todo el problema parte de dos verbos: callar y asumir. Y con callar, no me refiero solamente a no decir nada, sino también a “decir a medias”, a dejar en la ambigüedad. Y la consecuencia de callar, claro, es que la contraparte empezará a asumir. Asumir sin preguntar, que es otra forma de callar. Ambas partes cayendo en lo mismo. Igual de culpables. Igual de inocentes. Igual de tontas.

Hace poco yo asumí que lo correcto era hablar y preguntar. Me equivoqué. Luego asumí que lo mejor era callar, dar espacio, no joder. Me equivoque de nuevo. En ambas ocasiones descubrí que me había equivocado cuando la otra persona dejó de callar y me dijo directamente como era la nuez. Qué le jodió. Que esperó. Qué pensó.

Y obviamente, no es la primera vez que algo así me ocurre (refiriéndome a la forma, claro, pues el tema de fondo si fue nuevo para mí, pero eso no es lo importante de esto). Tantos problemas me hubiera ahorrado si hubiera podido leer la mente de esas personas importantes. Tantos momentos desagradables. Tantos daños hechos y recibidos de las y a las personas que más he querido.

Por supuesto que he pensado en los aspectos negativos de tener ese poder (por ejemplo, perder esa extrañamente maravillosa emoción/intriga de no saber exactamente que pasará, de dejar que “las cosas fluyan”), pero creo que poniendo en la balanza ambas caras de la moneda, me ratifico: como quisiera leer la mente de aquellas personas a las que no quisiera nunca molestar o herir de nuevo. Aquellas personas con las que no quisiera tener ni una sola discusión más, por muy imposible que en la realidad suene.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Vaivenes




Te acercas y alejas. Intentas con entusiasmo. No te conformas. Te boto, te insulto, te vas. Te busco, como si nada. Regresas, pero distante. Te acercas más y se te escapan esas cursilerías que me asustan. Te sorprenden mis respuestas, mi frialdad. Quieres ver detrás de esa dureza, algo que no hay. Te aferras a algo que no existe. No me crees cuando te digo que no hay más. Soy lo que ves. Lo aceptas o te vas.

Decides irte otra vez. Ok, todo bien. Crees que te llamaré. No lo hago, aunque quisiera. Porque sí pues, me gustas. Pero no más que eso. Me gustas a pesar de que podría hacer una lista interminable de tus defectos. Y eso que apenas te conozco. Pero ya todos mis sentidos se pusieron en alerta. Te encasillaron en ese modelo de persona que ya se que no me agrada, que no me hará bien. El problema es que sí me agradas. Que ahorita me haces bien.

No entiendo que buscas y tampoco pregunto. Lo que yo busco no requiere demasiadas respuestas. Así que solo observo. Observo y aprendo de tus movimientos. De tus rarezas. De esa extraña forma tuya de siempre volver, aunque nunca hayas estado realmente cerca. De esa patética forma de acercarte tanto y luego huir. Y luego pegarte demasiado, asustarme, y volverte a ir, tras mis ofensas instintivas.

No se que buscas y tampoco estoy segura que espero yo. No mucho en realidad. No lo suficiente como para arriesgar mi tranquilidad preguntando. No me interesa saber razones. Ahora, hoy, solo quiero pasarla bien. Si tú lo entendieras así, sería muy sencillo. Pero en tu cabeza todo funciona distinto. No entiendes de los tiempos y espacios que requiere avanzar. De lo difícil que es volver a empezar. Crees que se trata de cerrar los ojos y seguir andando. Pero no. No para mí. Yo necesito tener los ojos bien abiertos nuevamente. Yo necesito respetar mis tiempos.

Vuelve. Claro que te quiero cerca, pero no tan cerca. Claro que quiero que me acompañes, pero no me invadas. Claro que quiero que regreses, pero también, que en un tiempo, vuelvas a irte. Para extrañarte. Para escribirte otro post en el que te pida que regreses. 

martes, 28 de agosto de 2012

No debiste volver


Pensé que iba a ser el primer invierno que pasaría intacta, sin un solo episodio de esa fea situación en la que, lamentablemente, otra vez me encuentro.

El año pasado prácticamente viví en ella. Cada dos semanas, ni bien la superaba, volvía a caer. Y otra vez el encierro, las malas noches, los ánimos caídos.

Por eso, estando ya a finales de agosto, me sentí ganadora. Había vencido en esa permanente batalla mía por mantener fuera de mi vida esa maldita experiencia.

Pero después de tantos días grises, lluviosos y helados, cuando ya avizoraba la primavera tan cerca, tuviste que regresar. Tuviste que volver a atacarme justo un sábado por la noche, como quien me castiga por ese viernes de locura que apenas recuerdo.

Y hoy, dos días después, no quieres irte aún.

No me queda más que ser paciente mientras aquí, en mi oficina, voy escribiendo sobre ti, mientras observo el cerrito de papel higiénico que me he gastado sonándome la nariz en lo que va del día.

Estoy harta de estar resfriada. Harta de los estornudos, de la tos picante, del ardor en los ojos y de ese deseo avasallador de meterme en mi camita caliente antes de que llegue la noche. 

viernes, 17 de agosto de 2012

Algo parecido al amor


Te conectaste del msn de tu hermana, mi amiga. Te hablé sin saber que eras tu y, tras corregirme de inmediato, nos quedamos conversando hasta las 6 de la mañana. Me llamaste y me cantaste "una canción de amor", acompañado de tu guitarra. Salimos, nos besamos. Estuvimos. Conocí el resto de Chosica (solo conocía el club "el bosque"). Disfruté que mi novio tuviera carro. Te robaste las llaves de la casa de playa de tus padres. Jugamos como niños. Terminamos como niños también.

Te agregué del Hi5 de mi mejor amiga. Me gustaste de inmediato. Te escribí de la forma mas mandada. Te gustó mi frescura. Fuimos a café Z. Pasé mi primer 14 de febrero enamorada. Me preparaste pizzas en forma de corazón y ensaladas frescas en el verano. Me besaste en el parque del amor, me compraste mis primeras medias "con deditos". Me hiciste probar la cachina, conocer la ilusión. Me enseñaste que "el que cocina no lava" y que los negocios pueden crecer rápidamente si se les mete todo el corazón.

Me hiciste subir 5 kilos porque lo que más disfrutábamos era comer y dormir. Me diste mis primeros "empleos". Viajamos por rincones del Perú. No eras quien yo pensaba, y solo por eso, no mereces que te dedique ni una línea más.

Desde los primeros intercambios de palabras sentí que te conocía de hacía mucho. Fue muy fácil acercarnos. Muy bonito. Lástima que tenías novia. Lástima que no me importó. Me ayudaste a dejar un mal pasado, y solo por eso, mereces muchas líneas adicionales. Caminamos tardes por el malecón  y me presentaste el faro. Comimos anticuchos en una carretilla y tomamos vino barato en un parque, en vasitos de plástico. Trabajamos hasta los domingos (si, claro), nos escondimos tras cada escalera, en cada elevador. Me fui de viaje, te fuiste tu, nuestros caminos siguieron por separado.

Un amigo común nos presentó en "El Dragón". Bailaste salsa conmigo esa noche. Perdimos contacto un tiempo, lo retomamos vía facebook en el verano. Planeamos una maratón de películas: cada domingo se volvió una tarde de películas. Te odié un par de veces, cuando el alcohol te hacía fallarme. Me besaste por primera vez en mi casa, mientras peleábamos (para variar), volviendo de Sargento. Aceptaste tu amor por e-mail, acepté el mío por teléfono. Lo que siguió fueron muchas películas (en las que siempre nos quedábamos dormidos), muchos viajes, muchas conversas, muchos chilcanos, muchos besos. Terminar contigo me enseñó que no solo es duro separarse de una persona, sino también de una familia que se había ganado mi corazón.

domingo, 15 de julio de 2012

Crónica de mi Viaje a Marrackech – Parte Final


Apenas terminé de comer me dirigí a mi alojamiento para descansar. Eran apenas las 8pm, pero además del cansancio acumulado del día, la verdad era que no había absolutamente nada más que hacer. Al menos no en la Medina, pues días después me enteré que en el lado moderno de la ciudad todo era distinto: pubs, discotecas, cines, etc.  Lástima que, estando sola, no se me dio muy bien eso de explorar más zonas desconocidas.

Al día siguiente amanecí contentísima. Sabía que ese día no tendría experiencias desagradables y no que equivoqué: fue el mejor día de mi viaje.

Había contratado – por 50 euros – un tour full day a las montañas, que incluían mi anhelado paseo a camello. Salimos temprano por la mañana, y por el miedo a quedarme dormida terminé estando lista 1 hora antes de la partida debido a que había olvidado que Marrackech tenía una hora de retraso con relación a Madrid. Y nuevamente, por miedo a quedarme dormida, en vez de regresar a dormir a mi camita, me despanzurré en un sofá de la salita de mi Riad.


A las 9am en punto partimos en grupo – unas 10 personas entre alemanes, canadienses, españoles y yo – a las montañas. La primera parada fue una pequeña casita de adobe (o algo similar) donde habitaba una familia común de Marrackech. En ella, nos prepararon un desayuno delicioso: té de menta (con una divertida introducción a su forma de preparación), pan recién horneado, mantequilla, aceite de oliva y miel.






Una peculiaridad: los panes los cocinan grandotes, del tamaño de la base de una pizza grande, y luego lo sirven en trocitos cortados con las propias manos. Luego, cada persona va tomando los trocitos y remojándolos en aceite de oliva y miel o untándolos con la mantequilla. Una delicia.


La segunda parada fue el lugar donde me enamoré a primera vista de un camello. Entre todos era el que tenía el rostro más dulce, la mirada más tierna. Lo elegí de inmediato y me monté en él. Para ello, tuve que subirme por una escalera: sí, así de altos eran estos benditos animales, con las patas flaquitas, pero un tórax robusto, y no puedo negar que sentí mucho vértigo al subir. Tanto, que por unos segundos dudé en dar el paseo. Felizmente lo hice, porque fue una experiencia inolvidable.





Minutos después, y antes de empezar la caminata por las montañas, hice mi primera negociación en inglés. Me habían dicho que si a un comerciante marroquí no le pedía una rebaja y no discutía con él largo rato antes de pagarle el precio que me propondría, le arruinaría el día, pues lo haría pensar que hizo un mal negocio. Por ello, discutí unos 15 minutos antes de lograr pagar 45 dirhams (4.5 euros) en vez de los 100 (10 euros) que me pidió en un inicio. Negocio redondo. Y en inglés!.

La caminata fue fabulosa. Los paisajes muy bonitos, aunque nada que no hubiera visto en el Perú. Nada comparado con Huancaya, por ejemplo. Pero no por ello dejé de disfrutar bañarme en la catarata, tomarme fotos sola y en grupo y hasta grabar un video de mi alrededor. Parte anecdótica: un vendedor de collares me ofreció un collar a cambio de un beso y/o que me case con su hijo (luego de preguntarme donde estaba mi esposo e indignarse porque a mis 23 años era aún soltera).




La parte final fue el almuerzo típico. Mentiría si les digo que recuerdo los nombres de cada uno de los platillos que nos sirvieron, pero lo que si recuerdo es que cada uno de ellos era delicioso. Todos consistían más o menos en guisos de carne o pollo con verduras y muchos condimentos que hicieron las delicias de mi paladar. De paso, aprovechamos para tener una bonita tertulia entre extranjeros en una acogedora terraza en pleno atardecer.


Como les dije, no hubieron mayores contratiempo en este día. Quizás por ello, no pudo ser mejor broche de oro para cerrar este viaje que siempre recordaré y agradeceré.