martes, 28 de agosto de 2012

No debiste volver


Pensé que iba a ser el primer invierno que pasaría intacta, sin un solo episodio de esa fea situación en la que, lamentablemente, otra vez me encuentro.

El año pasado prácticamente viví en ella. Cada dos semanas, ni bien la superaba, volvía a caer. Y otra vez el encierro, las malas noches, los ánimos caídos.

Por eso, estando ya a finales de agosto, me sentí ganadora. Había vencido en esa permanente batalla mía por mantener fuera de mi vida esa maldita experiencia.

Pero después de tantos días grises, lluviosos y helados, cuando ya avizoraba la primavera tan cerca, tuviste que regresar. Tuviste que volver a atacarme justo un sábado por la noche, como quien me castiga por ese viernes de locura que apenas recuerdo.

Y hoy, dos días después, no quieres irte aún.

No me queda más que ser paciente mientras aquí, en mi oficina, voy escribiendo sobre ti, mientras observo el cerrito de papel higiénico que me he gastado sonándome la nariz en lo que va del día.

Estoy harta de estar resfriada. Harta de los estornudos, de la tos picante, del ardor en los ojos y de ese deseo avasallador de meterme en mi camita caliente antes de que llegue la noche. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario