domingo, 1 de diciembre de 2013

Vidas paralelas

No sabía que ese día estaba tan cercano hasta que llegó. Llegó y una vez ahí no pude hacer trampa. No pude fingir que no pasó nada, pero sí pude evadir. 

Te fuiste. Así, intempestivo. No nos dejaste prepararnos. No me dejaste hacer un discurso de adiós.

Pero ese viaje cercano impidió un derrumbe. Los trámites. Las maletas. Las despedidas. Tantas cosas en la cabeza me permitieron alzarla, secar las lágrimas. La familia, las amigas, el novio. Todos pendientes. Todos atentos. Tanta compañía, tanto afecto.

Hasta que me fui.

Hoy sentí más frío que todos los días anteriores, a pesar de que la temperatura bordeada los 5 grados. Como para tener calor, pensé.

Andaba con las manos metidas en los bolsillos del abrigo y la nariz congelada. Igual que los pensamientos, congelados. Como nunca.

Pensar infinitas veces sobre lo mismo siempre fue mi especialidad. Nunca aprendí a pasar por alto. Ni a borrar de mi mente. Ni a engañarme convencerme de que todo está bien, de que todo estará bien. Nunca supe callarme, ni aceptar, ni resignarme. Siempre quise más.

Hoy ya no están los trámites, ni las maletas ni las despedidas. Ni la familia, ni las amigas ni el novio. Nadie pendiente. Nadie atento.

Pero sí un vacío. Todo extraño él. No estoy segura qué es lo que lo llenaba hasta hace un par de meses. Una parte él, claro. Una parte tu. El resto, no lo sé.

No quiero confundirme. Ni confundir. Madrid es un encanto. Su alegría, su onda relajada, sus calles divertidas, su gente tan variada. Bohemia. Libre. Deliciosa. No me perdono no gozarla. No me perdono la soledad.

Más yo también soy libre. Y en esa libertad me permito sentir. Sentir fuerte, sentir profundo. No vale llenar vacíos con lo burdo, con lo banal.


Tengo las piernas congeladas, otra vez. Creo que la calefacción falla un poco aquí. Quizás falla mi cuerpo, mi termostato natural. Quizás ese vacío es solo ausencia de calor. Ausencia de ti. 

domingo, 11 de agosto de 2013

Para los que dicen que "no regreso"

Estoy emocionada y a la vez temerosa con lo que se viene.

No es la primera vez que me voy y, sin embargo, esta vez es diferente. Me rio cuando mis amigos/familiares bromean diciéndome que ya no volveré, que me enamoraré de alguien allá, que conseguiré un super trabajo, que no querré regresar a Lima. Y sin dar muchas explicaciones mayores, me limito a responderles que tengo que regresar porque las condiciones de la beca que me otorgaron para estudiar la maestría así lo exige. Porque firmé un contrato. Porque, al menos, por los 9 meses posteriores a la finalización de mi maestría, tengo que vivir en Lima.

Sin embargo, esa no es ni remotamente la razón principal por la que sé que sí voy a volver. Que no está allá mi futuro. Siempre he tenido claro que no se puede escupir al cielo, pero quizás después de aclarar mis razones, me vayan entendiendo.

Primero, yo ya he vivido en Madrid y he conocido media europa con una mochila en la espalda. Ya me fui a vivir la vida loca antes, ya me asombré de ese estilo de vida europeo tan libre, de esas ciudades hermosas, de ese mundo bohemio, moderno, ordenado. Fascinante. Ya conocí a chicos guapísimos, encantadores. De todos los tipos y colores. De todos los países, idiomas, profesiones. Ya me dediqué a tener citas inter diarias y ya entendí que eso no me llena. Ya tengo mil y una anécodtas y aventuras que disfruté profundamente a los 22 años. Ya tuve la oportunidad de obnubilarme, de quedar hipnotizada por un mundo distinto y pensar que sería más feliz viviendo allá, que no quería volver a lima, que elegía esa libertad y progreso.

Pero no lo hice.

Volví esa vez y volví feliz. Llena de recuerdos y, sin embargo, llena de alegría por volver.

Segundo, esta vez me voy a estudiar en serio. La primera vez fue juerga, viajes, comida, bebida y algo, muy poquito, de estudios. Esta vez me voy a construir una base más sólida para mi futuro. Esta vez, que ya no tengo esa ansiedad por vivir algo "nuevo", por lanzarme a una "aventura", debido a que ya vivi todo eso, me estoy yendo a aprovechar una oportunidad de esas que se dan solo una vez en la vida. Si tengo la oportunidad de volver con un master en europa, y encima como ex becaria de una fundación del prestigio de la Fundación Carolian, definitivamente mi expectativa de retorno es un gran trabajo, en una gran institución global, que me de la estabilidad, tranquilidad y satisfacción para seguir avanzando en todo aspecto de mi vida.

Tercero, me voy enamorada. Y ese aspecto no puede menospreciarse. Porque estar enamorada , sin ninguna duda, es una variable fundamental en todo esto que se viene. Y hace que también sepa que quiero volver a Lima y estar con él. Seguir con él, con nadie más. Por eso también, aunque me voy feliz por la oportunidad que tengo delante, me voy también triste porque sé lo que dejo. Y si bien sé que la relación con mi familia y amigos será exactamente la misma a mi regreso, nunca se sabe a ciencia cierta en el caso de las relaciones de pareja. Porque el amor de familia es incondicional. Porque no necesita tanto esfuerzo y dedicación, justamente por esa incondicionalidad. El amor de pareja, en cambio, necesita cuidado, alimento, cercanía, contacto. Y llevarlo a la distancia nunca es facil. No es tanto tiempo, sí. Mi relación hoy, después de una tormenta, está bien, bonita, estable. Pero temo. Temo mucho perder algo que quiero y valoro tanto. Y sin embargo, se también que quizás es algo necesario para descubrir, ambos, si podemos manejar juntos situaciones difíciles y no solo el día a día.

Finalmente, sé que volveré porque me gusta vivir aquí. Porque mi vida aquí no es ni remotamente perfecta, pero la disfruto cada día. Y porque sé que a mi regreso, de una u otra forma, sin ninguna duda, mi vida en Lima será aún mejor que la que dejo hoy. Lo firmo y lo confirmo.

jueves, 18 de julio de 2013

Desvarío

Amanece, saludamos, conversamos, reímos, jugamos. Recordamos, preguntamos, reclamamos. Ya no reímos, nos tensamos. Discutimos, controlamos, repetimos, nos desbordamos.

Adiós.

Paralizo. Pregunto. Saturo. Desespero. Maldigo. Todo en silencio.

Acepto.

Encuentro. Despedida. LLanto.
   
Respiro, suspiro, vuelvo a respirar y ando. Camino, doy vueltas, no miro atrás.

Concientizo, analizo, pienso. Pienso y comprendo. Acepto, borro, elimino, supero.

Malas noches, poca comida, mucho alcohol. Salgo, sonrío, finjo. Fiestas, amigos, risas, alcohol. Farsas. No volteo. No te busco. No intento saber. Te fuiste. Decidiste. Se acabó.

Una semana. No sé de ti. No quiero saber. No pregunto. No averiguo. Asimilo.

Me escribes. Contesto. Propones. Me asusto. Retrocedo. Acepto.

Charlamos. Me quieres, me extrañas. Siento. Confío. Respiro. Sonrío. Te quiero.

Pienso. Recuerdo. Temo. No importa. Te quiero. Te escribo. Propongo.

Tiempo, maldito tiempo. Te odio. Quizás no te quiero.

Me quedo. Y acepto. Y más tiempo.

Hablan. Te miente. Me acusa. Complica. Agobia.

Confías. Espero.

Hoy es.


Mañana, ya veremos. 

martes, 28 de mayo de 2013

APRENDIZ

Hoy, nuevamente, busqué tu nombre en facebook y en google. Nuevamente no te encontré y supongo que fue lo mejor. Pero me  angustia, me sofoca pensar que han pasado mas de 5 años después de la última vez que te vi, y aun siento una necesidad absurda de reivindicar mi nombre contigo, de probarte que no soy ese monstruo que te hicieron creer, que no soy esa mujer enferma, obsesiva, loca en el peor sentido de la palabra, que él te hizo creer.

Solo era una niña cuando lo conocí, y para cuando tu apareciste en el mapa, ya era tarde. Era tarde para ambas. Tarde para dos mujeres ya condenadas a creer, a aceptar, a llorar a escondidas ante la conciencia de lo que nos había pasado. Porque claro que éramos conscientes. Claro que nos dábamos cuenta de lo que ocurría, de lo que estaba él haciendo de nosotras, de lo que estábamos haciendo nosotras mismas de nosotras.

Vivíamos lo mismo, sabes? Tu, yo y ella. Sí, éramos tres. Pero tu decidiste declararme la guerra solo a mi. Culparme de un sufrimiento, de una infelicidad de la que solo podías culparlo a él. Y a ti misma, claro. Decidiste creerle y condenarme a mi. Y te comprendo. Te comprendo porque era tu única salida: tu única salida para no enloquecer, para poder justificar tu desdicha culpando a alguien más, para tratar de auto-convencerte de que ni tu ni él eran el problema, sino yo, la loca, la enferma, la que a los 20 años argüía planes malévolos contra los dos.

Que tonta fuiste. Fuimos. Pero lamento informarte, que tu lo fuiste más. ¿Crees que a mi no me dijo las mismas cosas de ti que te dijo a ti de mi? ¿Que no inventó las mil historias para lograr que yo te culpe de mi infelicidad? Lo hizo, siempre. Pero quizás tuve la suerte de conocerlo años antes que tu. Y digo suerte porque, gracias a ello, yo ya no creía en nada de lo que decía. Yo ya sabía que el único que estaba detrás de todo era él, envenenándonos para que nos odiáramos, porque las personas unidas son peligrosas.

Yo salí victoriosa. A mis 22 años, con esa juventud de la que tu te mofabas y sobre la que creías tener una gran ventaja, ya era yo demasiado consciente hacía tiempo de como eran las cosas, de quien era él, de qué se trataba todo el cuento. Y gracias a eso huí, desaparecí, fui libre. Libre de él, libre de ti, libre de ese mundo surrealista en que me metieron sin que yo me diera mucha cuenta, pero del que fui culpable también al no salir mucho antes, al haber sido débil, al haber sido niña.

No se si tu habrás tenido la suerte que tuve yo. Quizás también por eso te busco. Para saber si pudiste partir, si no sigues viviendo ese infierno que yo tan bien conozco. Si al igual que yo, aprendiste tu lección y no volviste a permitir que nadie te convierta en eso que fuimos, en eso que no me atrevo a nombrar, para lo que en realidad no hay siquiera un nombre.

Pero también te busco, lo acepto, para gritarte que soy inocente. Que nunca hice nada contra ti. Que en ese entonces tenía la inocencia que ya no tengo hoy, y que el mismo miedo me habría paralizado sin poder mover un solo dedo en tu contra. Todo lo inventó él, todo.

Y te diría también que ya encontré mi camino y que espero también hayas tu encontrado el tuyo, muy lejos de él. Y si aún no lo hubieras logrado, no me alejaría de ti ni un momento hasta que te convenzas que al salir, será como empezar tu vida de nuevo.

Pero mientras no te encuentre, sigo aquí. Mujer, normal y ya libre. Con esa tranquilidad que da saber que todo lo vivido enseña, y que soy una buena aprendiz. No, no me quita el sueño encontrarte, pero no dudes que de vez en cuando, siempre, volveré a googlearte, deseando con todo mi corazón, encontrar algún dato que me lleve a ti.

jueves, 23 de mayo de 2013

Falsa


Ve.

No voltees el rostro ni aunque el viento sople hacia el lado opuesto.

No temas no saber si llegarás, y ni si quiera a donde: recuerda que esos caminos ignotos pueden llevarte a alguna certeza, o a la única.

No dudes de la necesidad de tomar esa ruta. Quizás sea errada, o quizás no. Y no pienses, por favor no pienses, que no es necesario. Que puedes hacerlo desde aquí.

Ve. Encuentra. Encuéntrate.

Yo no voy a ningún lado, por ahora. Por ahora o hasta que sepa de tu dicha, allá lejana.

Entonces, quizás, yo también sabré que debo emprender ese camino. Para encontrarte, o para decir adiós, sin vuelta.

Ve. Te lo pido porque te amo. Te lo pide mi razón. Mi madurez. Mi equilibrio. Mi sensatez.

Corre. Corre antes que mi corazón, inmaduro, desequilibrado e insensato, grite que me ignores.

Ve.                          

lunes, 13 de mayo de 2013

De vuelta al ruedo



Después de casi 4 meses trabajando medio tiempo, hoy me reincorporo a mi chambita full time.

No, no lo voy a negar: tengo la sensación de que esto es algo inhumano y que nadie debería merecer tener que trabajar tantas horas al día en algo que no lo apasiona hasta decir basta, en algo que no lo hace vibrar, que no permite que la adrenalina corra por su cuerpo ante la sola posibilidad de un caso nuevo, un paciente nuevo, un proyecto nuevo. No, nadie debería tener que trabajar días enteros en algo que no le brinde ese placer indescriptible que leo en los ojos de mi hermana cuando me cuenta de su trabajo como ginecóloga en la maternidad de Lima.

Sí, imagino que todos deben estarse riendo de que me queje de una jornada laboral normal, esa que todos ustedes tienen, esa que seguro algunos disfrutan, otros odian, y algunos simplemente aceptan con dignidad y resignación. El problema es que yo me rehúso a aceptarla y ese es el punto de partida del segundo tema: ¿por qué demonios no soy consecuente con lo que escribo y busco un trabajo que genere en mi todo eso que describo líneas arriba?.

Bueno, no es tan sencillo. No es sencillo renunciar a la seguridad que te brinda tener un empleo de sueldo fijo y no variable. Tampoco es sencillo decir adiós a un jefe que te ha dado todas las facilidades posibles en el largo proceso de preparación para obtener ese maldito título de abogado, con la confianza de que volverás, titulada, a sacarte la mugre en ese puesto de trabajo que te esperó. Y tampoco es sencillo empezar de cero a buscar eso, ese algo que sabes debe existir, que tiene que existir, pero que no tienes claro qué es, no sabes por dónde empezar a buscar ni tienes la certeza de que vas a encontrar.

Sin embargo, hoy hay muchos proyectos en el aire, pululando libremente por mi mente durante muchos minutos al día. Y hoy tengo el ejemplo cercano de una persona que acaba de dejar su empleo, justamente, harto de invertir la mayor parte de su día en algo que no lo hacía feliz, y decidido a llevar a cabo diversos proyectos que estuvo posponiendo. Y eso me estimula, me empuja a también a yo encontrar mi camino, ese que posiblemente no sea el más seguro, pero que tengo la esperanza sí sea el que me haga feliz.

jueves, 3 de enero de 2013

Aquí estoy



Acabamos de cambiar de año y aunque a menudo le rehuyo a eso llamado reflexión, esta vez es distinto. Quizás porque este año que se fue ha sido extrañamente intenso, en lo malo y en lo bueno, en lo rico y en lo cruel.

Se fue un año en que mis emociones se fueron del cielo, al suelo y luego nuevamente al cielo. En el que tantas risas opacaron cualquier lágrima pasada y a la vez tantas lágrimas opacaron esas risas y así, una y otra vez, dando vueltas. Un año inestable, pues.

 Hoy me siento frente a esta computadora y no puedo evitar sentir ese tufillo  a seguridad que ya me ronda. Ese airecito de tranquilidad que he logrado encarcelar en mi después de tantos vaivenes. Porque si hay algo que es realmente difícil de lograr para una persona como yo, tan extremista en sus sentimientos y decisiones, es esa cuota de estabilidad que hoy no pide ya permiso para entrar.

Nada de lo que pasó este 2012 fue por gusto. Hoy le encuentro explicación a absolutamente todo lo que viví. E increíblemente, al final de la ecuación, todo es bueno. Sentir que la relación con mis hermanos  ha cambiado radicalmente al punto de sentir que son ellos mis mejores amigos, es bueno. Haber conocido y estrechado lazos con nuevos amigo(as) “de la vida”, es bueno.  Haber logrado mayor estabilidad en mi trabajo, uno del que pensé me iría a los 3 meses, y haber empezado seriamente, al fin, a estudiar para titularme, es bueno. Y haberte conocido a ti, mi chico, es más que bueno.

Tantas circunstancias que hoy ya no me interesa recordar, dieron como resultado todo lo bueno que hoy atesoro.  Como no creo en dios, no puede agradecer a nadie por todo eso, sino solo a mi misma, y a ellos, por haberse cruzado en mi camino. Todo da vueltas, y finalmente, como dice mi querido Drexler, nada se pierde, todo se transforma, das lo que recibes, y solo recibes lo que das.

No voy a hacerla más larga. No hacen falta más palabras para describir una situación que te llena en sí misma. No hacen falta más palabras para disfrutar. Disfrutar que estoy aquí, y que no quisiera estar en ningún otro lugar, rodeada de ninguna otra persona. Estoy aquí, justo en el lugar en que debo y quiero estar.
Adios me fui a estudiar :)