martes, 17 de enero de 2012

La Boda de mi Hermana

Mi hermana mayor se casó este 14 de enero y todos en casa hemos sido testigos de primera mano de cada uno de los preparativos para ese importante evento. Y cuantas cosas hemos aprendido!

Por ejemplo, ahora todos somos más comprensivos, pues hemos visto a mi hermana escaparse de toda reunión familiar realizada desde hace unos meses atrás, y si bien inicialmente nos irritaba, hoy en día eso cambió. En la huída, y ante nuestras insistentes preguntas, únicamente nos soltaba un “tengo cosas que hacer, ya regreso”. Felizmente, tras nuestra irritación inicial, ya tenemos claro que es lógico, que una boda demanda muchísimo tiempo, más aún si es tu propia boda. Tienes todo nuestro apoyo sis.

También hemos aprendido que para planear una boda no es necesario dejar de trabajar. Basta con partirte en montones de pedazos en un solo día. Uno de ellos va al hospital (mi hermana es médico), el otro a la boutique a mandarse a hacer un vestido apropiado para la ocasión, el siguiente a llevar papeles a la municipalidad, y los demás, como quien no quiere la cosa, se reparten entre el cotillón, el buffet de la recepción, el brindis en la iglesia, las invitaciones, y una larga cola de etc.

Ahora sabemos también que el ser humano no tiene límites cuando de intercomunicarse se trata. Mi hermana nos ha demostrado que uno puede charlar amenamente en la sobremesa con la familia, presionar el botón del nextel con la mano izquierda, y teclear el chat del blackberry con la mano derecha. Gracias a ello no pierde un solo minuto del día, lo cual podría ser fatal cuando de planear una boda completa se trata.

Por otro lado, hemos aprendido a admirar la fortaleza física de las mujeres. Hace unos días mi hermana sufrió una fuerte caída, que le ocasionó una herida abierta, que terminó infectándose, en la rodilla. ¿Alguien cree que eso la detuvo? En absoluto!!!. Siguió yendo y viniendo, comprando y llamando y organizando y planeando. Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé….!

¿Y qué decir del dinero?  ¿Acaso el dinero importa cuando de tu propia boda se trata?. Por supuesto que no. Mi hermana no ha querido escatimar en gastos.  Boutiques de diseñador para la tenida del shower, para la del matrimonio civil y, obviamente, para el vestido del día central: la ceremonia religiosa y su posterior tono-cena-juerga hasta el amanecer. No voy a ponerme a hacer números, pero sin duda mi hermana gana muy bien.

Para terminar, solo me queda agradecer que mi hermana haya tenido que pasar por todo esto antes que yo. Ahora sé que si algún día me caso, todo será más sencillo, porque ella ya sabe exactamente qué, cuándo y cómo hacerlo para tener una boda de ensueño. Y ese conocimiento, qué duda cabe, vale más que todo el esfuerzo desplegado.

p.d: por favor, si alguna de las amigas de mi hermana lee esto, aclaro antes de que pregunte, que mi hermana no se está casando realmente. Todo lo escrito aquí tiene sentido para quienes estén al tanto de nuestras vidas o lo tendrá para aquellos que me lo pregunten directamente. Amén.

lunes, 9 de enero de 2012

Los Hombres que querían matar a Humala



A eventos como estos me refiero cuando pienso y converso sobre aquello que hace la vida más interesante en el día a día. A estas anécdotas que simplemente nos dejan colgados, llaman nuestra atención, nos dejan mucho en qué pensar.

Resulta que hoy me encontraba en un ómnibus Covida, siguiendo la ruta de Monterrico a San Isidro, cuando casi llegando a mi destino, y debido a que me cambié de asiento en un intento desesperado por escapar de los insoportables rayos solares matutinos, me percaté de la presencia de dos hombres peculiares. Peculiares porque uno de ellos iba vestido con una túnica propia de alguna comunidad nativa, no porque fuera su vestimenta normal, sino con el fin de mostrarse representante de aquella. Peculiares porque cargaban lanzas artesanales, de esas que se ven en las películas para cazar animales en épocas ancestrales. Y peculiares porque hablaban a gran volumen, molestos, inconformes.

Tanta fue la atención que les presté, que decidí apagar la música de mi ipod para oír mas claramente la conversación que comenzaban a tener con una señora sentada en el asiento delante del mío.

Esta señora les preguntó sobre sus motivos para dirigirse al Ministerio del Interior (todos supimos que ese era su destino debido a que se lo preguntaron efusivamente al cobrador). La respuesta inicial provino del hombre que no llevaba la túnica puesta, quien se apresuró en callar a su compañero, que con ojos furiosos parecía querer descargar en su respuesta toda la rabia reprimida en su interior. Dijo que iban a reunirse con unos ministros. Que el presidente Humala los había traicionado. Que los había engañado con la nueva ley de consulta previa.

-          - ¿Cuál ha sido el engaño?, repreguntó aquella mujer.

-         - Ollanta nos dijo que no sacarían más mineral de nuestra tierra, nosotros vivimos de nuestra tierra. ¿Qué desarrollo traen las mineras? ¿Qué desarrollo ha llevado Camisea?.  Las empresas nomás se desarrollan, nosotros no desarrollamos nada. Ahora dice que no se pueden revisar los contratos, que eso lo firmó Alan y no se puede hacer nada. Ahora dice que las empresas van a ayudarnos si los dejamos llevarse el oro.

-         -  Traidor de mier…, interrumpe el hombre de la túnica.

-        - Tranquilo, lo calma el acompañante. Y luego vuelve a dirigirse a la señora. Por eso venimos. Por eso viene él disfrazado, por representatividad. Nos están esperando. Ahora van a ver. Ahora quiero que hablen de derechos humanos. Que somos unos salvajes, nos dicen. En nuestro pueblo sí se respetan los derechos humanos. Nosotros quemamos viva a la gente que comete delitos. No por gusto. Cuando roban nomás. En Lima se mata por gusto, no en nuestra tierra.

En ese punto trago saliva, con algo de miedo, pero con una necesidad desbordante de abrir mi bocota. Puedo quedarme callada si insultan a Humala, incluso sonreír. También si defienden a rajatabla sus tierras, sin tratar de comprender la necesidad que tienen el país de incentivar actividades económicas como la minería, la necesidad de atraer inversiones de esas grandes empresas que tanto odian. Puedo entender que sea justo que exijan ser escuchados, pues están en todo su derecho. Pero no puedo entender que defiendan el quemar vivas a las personas por robo. Y eso solo revela que el Estado no existe en esas tierras. Que el Estado son solo ellos mismos, sin más.

Pero ya  no me atreví a pronunciar palabra cuando la misma señora preguntó:  ¿y esas lanzas de qué están hechas?.

-        -  Esas lanzas no son de juego. La parte para agarrar es de caña, pero la punta es dura, para atravesar gente.

-          - Para matar sinvergüenzas, intervino nuevamente el hombre que vestía la túnica.

-          - Entonces sus protestas no serán pacíficas, se arriesga la señora.

-       - Claro que no. Ese Humala nos ha traicionado. Nosotros trabajamos por él, obligamos a la gente de nuestro pueblo a votar por él. Y por eso ahora en nuestro pueblo nos quieren ahorcar a nosotros y con justa razón. A los traidores se les mata.

Y súbitamente retornaron esos ojos furiosos, cargados de ira. Esos ojos que me confirmaron que discutir con ellos no era prudente. Que darles la contra sería temerario.  Esa mirada que me dejó claro que no para todos el diálogo era la solución, porque seguramente estaban hartos de dialogar sin obtener ningún resultado.

Ojos furiosos y palabras contundentes que me recordaron que no somos un solo país, si no muchos en un mismo territorio. Que quién sabe si algún día llegaremos a entendernos. Si algún día nuestros intereses podrán converger con los suyos. Si llegará el día en que un presidente no tenga que pactar con el diablo para ser elegido como tal, con las consecuentes cobradas de cuenta que esos diablos les exigirán.

-         - Ojalá una de estas lanzas, de casualidad, atraviese al presidente Humala.

Dicho esto último, ambos hombres abandonaron el vehículo, apresurados por llegar a la cita con esos ministros que los esperaban.

martes, 27 de diciembre de 2011

MENSAJE DE AÑO NUEVO

Mañana me voy a la playa hasta el 2012, así que voy a adelantar este mensaje, que debería llegar a ustedes el mismo 31 de diciembre. Quizás alguien lo lea justo ese día. Ojalá.

Como para la mayoría, en este 2011 yo tuve un poquito de todo. De lo bueno, de lo malo, de lo perfecto, de lo peor. Felizmente para ustedes, no pienso hacer un recuento de cada situación, si no simplemente decir que mi balance siempre va a ser positivo. No porque necesariamente me hayan pasado más cosas buenas que malas (aunque este año en particular, sí fue así), si no porque mi memoria es bastante selectiva, y a mi memoria siempre llega, veloz, todo lo que me hizo sonreír.

Si hay algo que rescato de este año, son los amigos que perdí. No porque me haga feliz perder amigos, sino porque ese hecho me hizo tomar conciencia real del papel fugaz que tienen la mayoría de personas en nuestras vidas, incluso las mejores personas, que no por irse de nuestro lado pierden un ápice de ese valor. No lo escribo como reproche, si no todo lo contrario: el saberlo me hace valorar infinitamente más a las personas que aún no pierdo. Tan pocas cuantitativamente hablando; tantas cualitativamente.

Por eso, mi primer saludo va para las únicas personas que probablemente tendrán una relación conmigo "hasta que la muerte nos separe": mi familia. Con ustedes no hay plazo ni condición. No importa si peleamos a diario, si revelamos todos nuestros defectos en su máxima expresión. No importa si este año ha sido el más difícil para nosotros, si algunos lazos parecen haberse quebrado. Solo importa que nos amamos, sin mayor razón que esa.  Lo mejor para ustedes este 2012, lo mejor para nuestro hogar.

Luego, quiero saludar a los pocos tantos que llevan ya un récord de presencia nada desdeñable. Dos décadas de conocernos, demasiadas anécdotas en la carrera. Con altos y bajos, alejamientos y acercamientos, pero siempre volviendo a lo que fuimos. Para ustedes mi eterna gratitud por su permanente presencia, por todo lo que me han enseñado en tantos años. Y todo mi amor. Si mañana no volviera a verlos, igual seguirían siendo "los amigos del cole", los de siempre.

Un saludo también a mis amigas comunicadoras (en las que incluyo a otra desertora como yo que terminó siendo profesora de educación inicial. Como no, si llevas un ángel dentro). Es a ustedes a quienes me refiero cuando pienso en "mis amigas de la universidad". Las que se amanecieron conmigo, las que presenciaron mi cambio de carrera, las que no permiten que pierda la conexión con ese mundo que aún amo. Las que hicieron conmigo los campamentos en el jardín. Prometo que en el 2012 tendremos muchos días de piscina, lonchecitos, tertulias largas.

Mis amigos "abogados" no son muchos y solo uno de ellos es de la UPC. Nos conocemos hace pocos años, pero los quiero mucho más que eso. Uno de ellos se fue a buenos aires a seguir su camino (o a encontrarlo). Otro lo encuentra cada día leyendo filosofía.  Un tercero se convenció de que odia el derecho. Con ustedes he vivido algunos de los momentos más maravillosos de los últimos años y me han enriquecido infinitamente en nuestras larga conversaciones para el recuerdo. Y así seguirá siendo este 2012.

En Madrid conocí 3 buenos amigos, de esos "que duran". La convivencia fue fácil gracias a ustedes. Volver a Lima se hizo algo difícil, también gracias a ustedes. Reímos, lloramos, extrañamos y disfrutamos juntos. Maduramos. Gracias por tanta buena voluntad para entendernos. Por ser esa familia temporal que todos necesitamos cuando estamos lejos de casa. Este 2012, propongo que viajemos juntos, a cualquier parte.

Y me quedan cortas las palabras para agradecer por los amigos que me regaló este 2011. Jugando Vóley, en mi nuevo trabajo, en los hermanos de mi novio, en la novia de mi hermano (tu no eres de este año, pero no iba a hacerte un párrafo aparte jajaja). Gracias por recordarme que siempre hay espacio para nuevas personas, que el corazón siempre puede hacerse más grande. Gracias por haber empezado a ser parte de mi vida. 

Y por último, aunque no por eso menos importante, gracias a mi novio por haber aparecido así, sin mayor aviso, para llenarme de aún mayor felicidad. Sabemos que no ha sido fácil, y quizás justo por eso hoy nos valoramos de esta forma. Compartir mis días contigo no tiene precio mi amor. Lo mejor para ti, lo mejor para nosotros este 2012.

Feliz Año Nuevo. 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Confieso que sueño

Cuando era niña – adolescente siempre quise ser escritora. Recuerdo jugar en el colegio y decirle a todos mis compañeritos del salón que sería famosa, que ellos leerían mis libros, que sus hijos y nietos estudiarían mi nombre en sus cursos de literatura. Ganaba concursitos simples a nivel escolar, puros premios, a mis ojos, mediocres.

Terminé el colegio en el 20003. Estaba feliz, pero insegura. Periodismo o derecho era el dilema. Todos en casa querían que sea derecho. Es una carrera más seria, pagan mejor, es más gratificante, decían. Decidí entonces estudiar periodismo. Rebeldía pura. Dar la contra. Necedad. Eso es tener 16 años, pues.

Comenzaron las clases. Disfrutaba los primeros cursos, las nuevas personas. Los amigos que hoy siguen siendo “los amigos de la universidad” (los de derecho, nunca fueron mis amigos). Él me presionaba para que trabaje, para enseñarme su propio oficio. Quería mano de obra barata probablemente. Comencé a editar textos para libros universitarios, a diagramar dibujos de cuentos para niños, a diseñar mis primeros volantes. Comencé a disfrutar eso de trabajar, mucho más que estar en la universidad.

Paralelamente, no ganaba los concursos de creación literaria (Juegos Florales) de la UPC. Mandaba mis cuentos, ilusionada, y nada. Tiré un poco la toalla. Y digo un poco, porque nunca podré realmente dejar de escribir, a pesar de que me haya alejado de esa idea tan arraigada que tenía de ser escritora, de vivir y morir escribiendo.

Y en simultáneo también, de alguna extraña forma, comencé a dudar de mi vocación periodística. Quizás porque me acerqué al periodismo pensando ingenuamente que estudiar periodismo me volvería una mejor escritora. Hoy me río de esa creencia tan inocente. Con ello, sentía que el periodismo ya no me llenaba, que no era para mí. Y como es la vida de pendeja, que justo me tocó llevar, en medio de esa reciente incertidumbre, el curso de Televisión con Jaime Chincha.

Lo odié. Estuve segura que no quería eso para mí. Que trabajar en medios noticiosos era algo que no me hacía feliz en absoluto. Es que era lógico. Yo estudiaba periodismo porque quería ser escritora.

Me cambié de carrera, a derecho. No pensé demasiado y solo recordé que siempre había sido mi segunda opción. Un poco a ciegas y sin esforzarme demasiado, terminé la carrera con un promedio envidiable, pero sin un trabajo que llenara mis expectativas. Mis prácticas pre profesionales fueron una sucesión de errores y pasé de una a otra intentando encontrar mi lugar, obligándome a sentir algo de esa pasión con la que otros más afortunados viven su carrera.

Hace poco conocí la oficina de mi amiga periodista. Tan alegre, tan colorida, tan vanguardista. Tan distinta a mi oficina, a todas las oficinas de abogados. La vi trabajar y la envidié. Y la escuché decirme lo q siempre temí que alguien me dijera: no debiste cambiarte de carrera. Efectivamente. Debí explorar más, ver más allá de un curso de televisión. Saber que las comunicaciones no se limitan a medios noticiosos. Está el diseño gráfico, la fotografía, los temas de imagen corporativa. 

Y ayer visité a mi amiga del colegio, que vivió conmigo todo este cambio. Toda esta vida, en realidad. Y me dijo que ella sí ve en mí una abogada, solo que una con algo de miedo. Y me dijo también que mis otros intereses deben quedar como pasatiempos, hobbies, entretenciones.

 Ahora entonces tengo a dos amigas cercanas que tienen opiniones opuestas respecto a mi problema. Un novio que ve en mí también más a una comunicadora, aunque no por eso deja de ver a una abogada. Unos padres que hoy entienden que mis diversos intereses no son excluyentes entre sí. Y yo, con las mismas inseguridades de hace tantos años respecto a lo que será mi futuro, sólo que ahora con los tiempos encima que me obligan a enfrentarlas de una buena vez.

Por lo pronto, se que con tantos intereses, sería negligente tener que dedicarme solo a uno. Quiero diseñar, quiero tomar fotos, quiero escribir. Quiero, también de vez en cuando, discutir temas de derecho, rebuscar en casos controversiales, meter mi cuchara con mis recomendaciones legales. Felizmente, tengo tanta suerte, que puedo darme el lujo de buscar, de no tener que abandonar ninguno de esos intereses. Felizmente.

Lo que si, debo confesar que más seguido de lo que quisiera, me descubro soñando, imaginando como sería mi vida hoy si no me hubiera cambiado de carrera hace 5 años. No niego que algunas de esas imágenes me gustan, me encantan. Pero hay otras que no soporto. Y son las imágenes en las que no viajo a estudiar a Europa, en las que no conozco a algunos buenos amigos que hice en mis trabajos anteriores como practicante de derecho y sobretodo, aquellas en la que no conozco a toda la cadena de personas que me llevaron a ti. Por eso, y me parece razón más que suficiente, no me arrepiento ni por un solo segundo de esa decisión que tomé. Simplemente, ahora voy a dedicarme a remediar aquello que no salió como esperaba, pero con la seguridad que me da la sonrisa que hoy llevo tatuada en el rostro. 

martes, 15 de noviembre de 2011

Nadie sabe lo de nadie



Hoy entré a Starbucks con un buen amigo a tomar un café post almuerzo. La idea era comprar e irnos. Pero fue imposible que no llamara nuestra atención la presencia de una pareja, ella sentada sobre él, un tanto fuera de lo convencional: él, un hombre por demás arriba de los 50 años; ella, con esfuerzo debía pasar la mayoría de edad.

Muy cauta yo, ante la cara “indignada” de mi acompañante que se rasgaba las vestiduras señalando lo alarmante de una relación con semejante diferencia de edad de por medio, me atreví a sugerir que, quizás, se trataba de una adolescente con su papá en un momento de afecto familiar. Finalmente, yo también me he sentado en las rodillas de mi papi, más de una vez, cuando ya no era una niña.

De más está decir que mi amigo se rió de mí y me acusó de estarme haciendo la sana. Y no conforme con afirmar a priori que se trataba de una pareja donde el vínculo no era sanguíneo sino de afinidad, sentenció, con la misma seguridad inicial, que seguro se trataba de amantes, de un hombre casado con su trampa de turno. Una puta pues, no dejaba de repetir. Quizás sí, quizás no. Nos reímos.

Horas después, ya camino a casa, le di vueltas al tema. En realidad hay montones de opciones!!! Yo misma planté mis hipótesis: como señalé líneas arriba, podría tratarse de padre – hija. También podría tratarse de una pareja normal, de enamorados, novios o esposos, donde el amor (u otros factores varios que cada uno propondrá) pudo más que la diferencia de edad.


No se podría descartar que se trate de amantes/amigos con derechos/pareja de encuentros casuales. Cero compromiso. Solo sexo. Conste que en este caso, no hay ningún tercero en la relación.


Tampoco sería raro que él tenga una enamorada, novia o esposa y ella sea la otra pareja formal. Algo así como que él tiene dos familias. O quizás, como variable de la anterior, podría tratarse de un caso donde el engaño a la enamorada, novia o esposa subsiste, pero en el que ella es solo una amante casual para él.  O una gran amiga, con la que, bueno pues, pasan cosas.


Por último, una nueva variable de las 2 anteriores sería que él engaña a su enamorada, novia o esposa con la chiquita esta, pero resulta que no se trata de sexo, sino de amor. Él se enamoró de la niña. Ella de él. Pero, así es la presión social, esa relación jamás se consolidará, gracias a los miedos, la inseguridad, la sana comodidad de la costumbre y la rutina. La tan humana aversión al cambio.

Y luego pensé que, independientemente de la diferencia de edad de estos personajes, cada vez que vemos una pareja por la calle es imposible saber realmente frente a qué tipo de relación nos encontramos. Nadie sabe lo de nadie.

Yo, personalmente, he apachurrado a mi papi en público, he sido pareja de un hombre muy mayor, me he enamorado de un hombre que tenía novia y he salido con un chico sin ningún compromiso formal. Y no creo que nadie que me hubiera visto en la calle con estos 4 hombres distintos, podría identificar cual era cual. Pa los sapos, nomás.

martes, 1 de noviembre de 2011

ESA EDAD MENTAL


Tengo 4 años y medio. Mi nido queda a 1 cuadra de mi casa. Primero me gusta el nido. Mi profesara es linda. Hay muchos juguetes. Muchos niños nuevos. Nunca lloro al despedirme de mis padres. Nunca tuve miedo a eso de “la separación”. Pero poco a poco comienza a aburrirme. Lo colores: check. Los números: check. Los animales: check. Ver la hora: check. La profesora le dice a mis padres que me lleven a un colegio. Que ya no tengo nada más que aprender en el nido. Creo que soy una genia. Me llevan al colegio. Doy mi examen psicológico para ingresar a inicial 5 años. El Dr. Chang me pregunta qué haría si me prestan una pelota y la reviento. No respondo. Pienso. No sé la respuesta. Creo que soy bruta. ¿El resultado? Me mandan a inicial 4 años y, gracias a ello, termino el colegio a los 17. Damn it!

Tengo 9 años y mis primos que viven en Viena han llegado a Lima de visita. Tienen 11 y 13 años, respectivamente. Todas las tardes, después de almuerzo, invitan a mi hermana mayor a jugar con ellos en su cuarto. Nunca me invitan a mí. Soy demasiado “menor”, dicen. Me resiento. Reniego. Sufro. Con toda la inocencia de esos años, siento que me duele el corazón. No soy tan pequeña, pienso. Y pienso mil formas de convencerlos de que puedo jugar con ellos, de que a mis 9 años no hay nada que no pueda hacer. No lo logro por las buenas. Voy y los acuso con mi mamá y con la suya. Mi tía los reta diciéndoles que deben jugar también conmigo. Aceptan obligados. Me miran mal, molestos. Los miro feliz, escuchando en mi mente esa dulce melodía: les gané, me salí con la mía (8).

Tengo 14 años y soy buena en todo lo que hago. En los cursos del cole. Jugando vóley a nivel “colegio”. Escribiendo en los juegos florales. Me llevo bien con mi familia. Los profesores me quieren. Tengo buenos amigos. Todos vislumbran  en mi un futuro promisorio. Todos confían en mi capacidad. Pero todo ocurre de forma tan natural que nunca siento que me esfuerce por todo ello. Simplemente ES. Yo solo me preocupo por obtener permisos para ir a fiestas. Todas mis amigas salen, menos yo. Mi papá me trata como si tuviera 10 años, como si fuera una niña. Lo hago todo bien, pero mi papá no confía en mi. Teme que no sea capaz de cuidarme, de tomar decisiones correctas. “Yo soy lo que tu criaste”, me gustaría decirle. No lo hago. Callo. Acepto. Solo frente a él, callo y acepto. Frente al mundo tengo 14 y me siento de 20. Solo frente a él tengo 14, pero me siento de 10.

Tengo 18 años y salgo con un hombre de 30. Es “diferente”, pienso. Es mejor. Las conversaciones son más ricas, más valiosas. Lo miro y lo admiro. Me siento grande, madura, superior. Un hombre de 30 quiere estar a mi lado. Sí, me siento un adulto en todo el sentido de la palabra. Pasa el tiempo, se aburre, me engaña. Con una mujer adulta, como él. Me siento chiquitita, como una nenita que necesita a su mamá para que la consuele. Pasé de tener 30 a tener 15 de nuevo en cuestión de días.  

Tengo 25 años y creo que estoy lista para hacerme cargo de mi vida hace mucho. Pero mis incipientes ingresos económicos son incompatibles con esa idea. La pienso y repito: ese es el único impedimento. He vivido ya 6 meses sola y todo ha ido genial. He cuidado de misma, de mi casa, de mi mundo, sin meterme en un solo lío, sin necesitar acudir a mamá para nada, excepto para que me envíe dinero. Si fueran otras épocas, ya sería una mujer casada con 3 hijos. Pero nací en esta época, felizmente. Me siento segura, me siento mayor. Así los viejos digan que a los 25 aún soy una chiquilla. No creo serlo. No yo.  Pero anoche un hombre de 42 años, conversando conmigo, escuchándome, me tomó como ejemplo de las razones por las que, a su edad, ya no podría estar con una chica de 25 años. Lo dijo en tono de broma, claro. Pero no le faltó verdad. Es cierto que la edad es mental, pero creo que es bueno respetar ciertos límites. Los años no pasan en vano y la experiencia que se gana cada año no es poca. Tengo 25 años y me siento un adulto, pero uno de solo 25, que sabe perfectamente que a los 42 será uno mucho más interesante, mucho más sabio y completo que hoy.

Finalmente, los años pasan tan rápido, que creo que no hace falta intentar siquiera saltar etapas. Mañana, seguro ya tenemos esa edad que hoy pretendemos fingir tontamente. 

domingo, 23 de octubre de 2011

CAMINO

Cuatro paredes me rodean así como el terror de lo acontecido aquella noche. Aún hoy, anciano y sin fuerzas, no logro dormir con la luz apagada y sin haberle puesto seguro y tres candados a la puerta de mi casa y otros tantos más a la de mi habitación.

El espanto de esa noche está indemne en mi memoria y cerrar los ojos parece ser la penitencia que deberé pagar de por vida por mi adolescente desatino.

Aún hoy veo el flujo de la sangre corriendo por sus piernas y las mías. Aún escucho sus gritos de placer y dolor intenso, aún sueño hoy con retroceder el tiempo y no haber ingresado nunca a ese local de la séptima calle.

Pero la realidad es otra en mi vida…y el local, las luces, el trago, aquella mujer… todo parece haberse aferrado a mis cinco sentidos y el escozor de aquel dolor frustrante no da indicios de querer buscar otro refugio distinto a mi alma herida.

A la mañana siguiente me encontré fuera de mi hogar, recostado en una camilla dura en una habitación completamente blanca. Abrí los ojos y observé a seres extraños moviéndose de un lugar a otro.

- Despertó, despertó – gritaba una mujer eufórica que inmediatamente después corrió a abrazarme contra su pecho.

Aquellos seres empezaron a moverse aún más rápido.

Me empezaron a hacer preguntas estúpidas como mi nombre, el color de mi bata (como si todas no fueran iguales) y cuantos dedos veía en una mano. A continuación arrancaron de mis brazos algunos de los tantos tubos que tenía conectados.

¿Por qué no podía recordar nada? – me preguntaba a mi mismo. ¿Qué habría sucedido aquella noche con aquella bella mujer?, ¿Cómo había llegado hasta ese lugar?.
Y lo peor es que no podía articular palabra alguna. Quería gritar de desesperación pero no lograba recordar el sonido de las sílabas.

Escuché decir a una mujer que llevaba cuatro meses en estado de coma y que no creyeron que podría despertar. “La impresión fue demasiado fuerte” – sentenció ella misma.

Empecé a sudar frío; tres hombres vinieron y me agarraron con fuerza atándome con gruesas cuerdas. Me llevaron en una camioneta blanca, a un lugar dónde no podía dejar de sentirme atrapado y condenado.

Nunca más fui capaz de volver a acercarme a una mujer y  mi temor de aquella noche me condenó a vivir en una permanente soledad.

La noche va cayendo, estoy recostado en mi cama y nuevamente escucho ruidos cercanos.  Me acerco  a la ventana, cierro los ojos y la veo a ella nuevamente. Abro los ojos con espasmo, escucho un grito horrendo.

Con pasos trémulos abro la puerta que me lleva al corredor. Encuentro un sobre en el suelo. Lo levanto y en el interior del mismo sólo aparece su foto, con toda esa belleza que se esfumó aquella noche
.
No pierdo el tiempo pensando en quien pudo mandarla, sino en lo que aquello podía significar.
El miedo aparece de nuevo. Regreso a mi cuarto, tranco las puertas y me paro frente al espejo. Es ella. Es ella quien me llama, quien me va hipnotizando. Sus ojos me enamoran y mi cuerpo parece no responderme. Mis piernas corren y, en un intento desesperado de atravesar el espejo para estar con ella, termino incrustado en él.

Grito, llega mucha gente; nuevamente demasiado movimiento. Otra vez esos seres extraños vestidos de blanco. Siento que voy perdiendo la conciencia.

-          Es él, el loco que se escapó hace varios años – escucho. Y de inmediato me resigno a mi suerte: a terminar mis días en aquel lugar a dónde sabía me llevarían.