Te conectaste del msn de tu hermana, mi amiga. Te hablé sin saber que eras tu y, tras corregirme de inmediato, nos quedamos conversando hasta las 6 de la mañana. Me llamaste y me cantaste "una canción de amor", acompañado de tu guitarra. Salimos, nos besamos. Estuvimos. Conocí el resto de Chosica (solo conocía el club "el bosque"). Disfruté que mi novio tuviera carro. Te robaste las llaves de la casa de playa de tus padres. Jugamos como niños. Terminamos como niños también.
Te agregué del Hi5 de mi mejor amiga. Me gustaste de inmediato. Te escribí de la forma mas mandada. Te gustó mi frescura. Fuimos a café Z. Pasé mi primer 14 de febrero enamorada. Me preparaste pizzas en forma de corazón y ensaladas frescas en el verano. Me besaste en el parque del amor, me compraste mis primeras medias "con deditos". Me hiciste probar la cachina, conocer la ilusión. Me enseñaste que "el que cocina no lava" y que los negocios pueden crecer rápidamente si se les mete todo el corazón.
Me hiciste subir 5 kilos porque lo que más disfrutábamos era comer y dormir. Me diste mis primeros "empleos". Viajamos por rincones del Perú. No eras quien yo pensaba, y solo por eso, no mereces que te dedique ni una línea más.
Desde los primeros intercambios de palabras sentí que te conocía de hacía mucho. Fue muy fácil acercarnos. Muy bonito. Lástima que tenías novia. Lástima que no me importó. Me ayudaste a dejar un mal pasado, y solo por eso, mereces muchas líneas adicionales. Caminamos tardes por el malecón y me presentaste el faro. Comimos anticuchos en una carretilla y tomamos vino barato en un parque, en vasitos de plástico. Trabajamos hasta los domingos (si, claro), nos escondimos tras cada escalera, en cada elevador. Me fui de viaje, te fuiste tu, nuestros caminos siguieron por separado.
Un amigo común nos presentó en "El Dragón". Bailaste salsa conmigo esa noche. Perdimos contacto un tiempo, lo retomamos vía facebook en el verano. Planeamos una maratón de películas: cada domingo se volvió una tarde de películas. Te odié un par de veces, cuando el alcohol te hacía fallarme. Me besaste por primera vez en mi casa, mientras peleábamos (para variar), volviendo de Sargento. Aceptaste tu amor por e-mail, acepté el mío por teléfono. Lo que siguió fueron muchas películas (en las que siempre nos quedábamos dormidos), muchos viajes, muchas conversas, muchos chilcanos, muchos besos. Terminar contigo me enseñó que no solo es duro separarse de una persona, sino también de una familia que se había ganado mi corazón.